miércoles, marzo 04, 2009

¿Espejo de futuro?


Mis pasos desandan el camino de la Institución Oficial. Es febrero y de noche. No, no es que sea tarde, pero así es aquí por estas épocas: la oscuridad se adelanta, da una patada al sol antes de lo previsto y se adueña de las tierras del cielo que te miran desde arriba. Te miran, siempre miran.

Este invierno, es especialmente frío en estas tierras del sureste español y en general, en toda la península. Nos arrebujamos bajo capas y capas, tantas que cualquiera diría que parecemos cebolletas. Las voces quejosas se alzan:

- ¡Qué frío! ¡Qué frío!

Cuerpos de levante, acostumbrados a una media normal invernal de unos 9ºC que ahora se ven atrapados en un aire que ronda los OºC; sus quejas quizás sean excusables.

Desde el puente, ahí abajo, una tierra quizás llamada Libertad - no lo sé, tampoco se lo he preguntado- se pierde en las tinieblas de la noche. Alguien que pretende ser río, la ha partido en dos. Sí, tierra y río, se pierden pero, dejan una fragancia, fragancia de humedad que va escalando el aire y se entrelaza con el frío como si fueran amantes y juntos potencian el efecto de iceberg.

Y allí me la encuentro: una triste figura, lejana y diminuta al principio, pero, que poco a poco, conforme avanzo, se hace más y más grande. Una negra tela cubre todo su cuerpo y deja entrever una cara ya muy raída por el tiempo. Sentada sobre el asfalto sin más compañía que un plato vacío que ruega unas cuantas monedas y caen, caen unas míseras monedas y sonríe, dejando entrever las perlas de su boca, ahora grises por la acción de algún agente externo. Junta las manos:

- Gracias, gracias- dice su voz débil.

Sigue el movimiento: los coches y pasos ajenos o quizás distraídos... Y cada vez parece que hay más gente rebuscando entre las basuras: ya no sólo inmigrantes, sino también, algún que otro español.

Me inquieté aquella noche de febrero. Alguien puso ante mí un espejo de futuro, con una vil intención. Hace años supe que podría suceder, por muy extraño que parezca, pero, nunca lo quise admitir. Hoy, el miedo acecha y se convierte en desesperación ¿Engañarán los espejos?

jueves, febrero 26, 2009

Desde la oscuridad, pero siempre.



Fui una de las finalistas del concurso que organizó la web de El cuentacuentos, llamado Fantasía 2009. Sería imposible describir la alegría que sentí al abrir la web y ver ahí mi relato: una alegría inabarcable, más inabarcable que el propio mar... Cuando has hecho algo con todo el cariño y entrega y lo ves ahí...

Pondré aquí, el texto: salió de mí y lo amo, al igual que todos, independientemente de que le guste a alguien o no. Son como mis hijitos. No pretendo que nadie se sienta obligado a leerlo pero, me hacía ilusión tenerlo también aquí.

Doy las gracias, en primer lugar, a los miembros de El cuentacuentos por darnos a todos esta fantástica oportunidad y tener la paciencia de leernos a todos y también por el duro trabajo que es el tener que desechar unas historias de otras, cuando en un principio todos somos merecedores de un premio. También le agradezco a mi tío su apoyo y sus palabras de ánimo; a mi familia y en general a todos aquéllos que siempre me acompañan desde la luz o el silencio ¡gracias!

Aquí dejo mi historia, que escribí bajo el pseudónimo de Esthecilla.
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Desde la oscuridad, pero siempre

de Esthercilla


Mario saludó a la calle y se perdió bajo las sábanas de la gran urbe una vez más, sábanas de pavimento, de olor gris ciudad, ése que se mezcla de forma tan extraña con las nubes de algodón que se empeñan en salpicar de vez en cuando el azul del cielo. Pero, esta vez, no: esta vez ya era de noche. Quizás aún andaran por ahí las muy bandidas pero, el negro es supremo ¿no se han dado cuenta? Cuando cae, van perdiéndose los objetos, opacándose. Él los acurruca entre sus manos, los mece, los duerme, los silencia por eso los colores ya no pueden hablar.

En el bar Paquito, que regularmente frecuentaba, las notas de movimiento se confundían con las de la noche. Se acercó a la barra y pidió un par de cervezas. Bastante tenía con su despido, al menos se merecía un traguito de gloria. Entonces, la vio. Su tez blanca como la nieve, sus rasgos finos y delicados, su pelo rubio y rizado le hechizaron desde el principio ¿Sería un ángel? Ella alzó la cabeza y también le miró. Sus miradas se cruzaron por un instante fugaz pero, ella no dijo nada: simplemente, giró la cabeza rápidamente y centró su atención en alguna otra cosa.

- ¿Qué le diría? – pensó Mario- ¡bah! Olvídalo- concluyó, mientras fijaba la vista en el vaso de cerveza ahora medio lleno. Pero, como si se arrepintiera, enseguida volvió a mirar hacia ella pero, ya no estaba y buscó y buscó y por más que buscó no encontró.

Marta se recogió su melena dorada en una coleta y miró por última vez hacia el espejo antes de dormir. A menudo se preguntaba por cuánto tiempo podía seguir así, jugueteando entre las luces de la eternidad, observando pobres vidas mortales, sin ser poseedora directa de un error o de una gloria, guardando su gran secreto bajo la llave grande y pesada de su juramento: “Nunca lo digas a ningún mortal, ellos aún deben crecer”. Entonces, la noche la arropó con su manto de terciopelo negro y piedras preciosas.

- Buenas noches - la susurró la luna lunera.

Mientras dormía, el pequeño diablillo, regordete y de ricitos de oro, surcó los cielos cual veloz ave rapaz e irrumpió en la habitación ¿qué de quién estoy hablando? De Cupido, ese ser que un día cualquiera con su toque mágico y personal altera toda la materia viva de los corazones, crea una explosión grandiosa, inexplicable, incontrolable. Siempre debe dar con su flecha a dos corazones: primero a uno y luego a otro ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué a veces sólo vibra un corazón? ¿Por qué otras veces los efectos de ese estallido se pierden, se condensan como la agonizante llama de una vela? Porque a veces, Cupido es un niño muy despistado y tras dar el primer impacto de amor, es capaz de distraerse con la flor más bonita del jardín, la abeja que va en busca de un ansiado grano de polen o la melodiosa voz de un pájaro cantor. Entonces, después, alza la vista en busca de la próxima víctima, el segundo corazón pero ¿Dónde está? De nada sirve que pasee su vista, sus pasos por el lugar. Apesadumbrado, vuelve a casa: ha creado una nueva desgracia. Cruza a hurtadillas el patio de la casa divina, decorado con flores alcaenna, otra maravilla escondida del mundo de los humanos tan hermosa que su belleza no cabría en todo el Universo. Cruza con la esperanza de que su madre no se entere de su nueva fechoría. Pero, resulta que las madres acaban sabiéndolo todo ¿Cómo lo harán?

- Qué - le sorprende su madre. Ha irrumpido en su paso y se ha cruzado de brazos apoyada en el umbral.

- Qué, qué. No pasa nada, mamá. Sólo he salido a dar un paseo- Cupido trata de atravesar apresuradamente el umbral pero, su madre le detiene posando su mano con gesto firme sobre su hombro.

-No me mientas, Cupido. A ver ¿qué has hecho esta vez?

- Volví a fallar otra vez, mamá. Di al primer corazón pero, una linda flor me distrajo. Cuando quise dar al segundo corazón había desaparecido.

- Ya verás cómo lo arreglas.- el arreglo siempre era el mismo: tratar de encontrar al segundo corazón y si no había forma de encontrarlo o uno de los dos corazones había perdido esa sensación eléctrica del amor por el camino, acudir a El Mirador Blanco, recordar el rostro de la persona herida y entrar en un estado de concentración. De esta forma, aparecería un algo, una esencia que sería el rastro a seguir para encontrar otro segundo corazón sustituto.- Como falles en tu próxima empresa no voy a traerte la Play Station portátil que siempre quisiste tener- prosiguió la madre.

- ¡Jo! ¡Mamá! Pero…

-¡Ni peros, ni nada!

Su madre había sido contundente. Por eso cuando Cupido dio a Mario con su flecha de oro y se distrajo en la nube coqueta que desde ahí arriba le sonrió, enseguida volvió a fijar su atención en el centro de su actividad. Justo entonces, alcanzó a ver un inconfundible ángulo de tela de la falda de Marta, que se perdía tras la esquina del edificio de ladrillos. Marta se metió apresuradamente en un auto amarillo en cuya placa rezaba “Taxi”.

-¡Hey! ¡Espera! – murmuró Cupido más para sí que para los ignorantes mortales de su divina presencia. Y voló, acariciando suavemente los sombreros rojizos y azulados de los presumidos y elegantes edificios de la avenida San Juan. Y allí estaba él, en esa habitación, mientras Marta le daba la espalda, sumida en su mundo de sueños. Voló hasta tener el cuerpo mirándole de frente, se colocó a una distancia prudente y disparó la flecha. Al ver su cometido cumplido, una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro y emprendió el regreso a su casa con el ánimo de un tornado.

En los sueños de Marta, entre el barullo de imágenes sin sentido – eran las más frecuentes - o con él apareció un nuevo rostro, claro, conciso: el de Mario. Sí, no se extrañen: ella conocía absolutamente a toda persona que se cruzara en su camino. Quizás supiera mi nombre o el tuyo o sino, no te preocupes que lo más probable es que otro ser de su misma condición guarde la combinación de cada una de sus sílabas, como el buen vino. Porque los ángeles son así: son la brisa fresca que te susurra al oído o son formas mortales que deambulan por el mundo. La verdad, es que todos podemos ser ángeles, sólo que algunos olvidamos nuestras alas en algún lugar del desván ¿Qué me dices de aquél que, por ejemplo, te ayudó a encontrar tu camino? ¿Y del amigo que cogió tu mano cuando estuviste a punto de caer por el precipicio? ¿Y del que secó tus lágrimas? ¿Qué me dices del pintor de sonrisas? Incluso aunque no lo creas, los animales también pueden tener sus propias alas mágicas, como aquel perrito que rescató a ese niño de las garras malignas del mar. Pero, a veces, también nos pueden salir cuernos, cola y adoptar un color rojo pero, esa es otra historia.

Por más que los días pasaban, como el fresco rocío que cae y se desvanece, el rostro de Mario, su presencia, su aroma, se empeñaban en vivir con Marta. Sabía que no debía ser así pero, aquello era como un dulce veneno, tan tentador… Sentía que debía volar sino ¡se volvería loca! No tardó en personarse en La Gran Sala Blanca. Allí estaba su madre. No importaba: así se ahorraría una explicación.

- ¡¿Que te has enamorado?! ¡¿De un mortal?! – se escandalizó La Voz Suprema.

- Pero, hijita, perderás tu inmortalidad ¿Estás segura de lo que quieres hacer?

- Sí- replicó y prosiguió- ¡Voz Suprema! ¡Hazme mortal!

Fue así como los polvos mágicos de lluvia dorada secuestraron su eternidad para dar paso a un nuevo ciclo de mortalidad.

Marta diría que aquella tarde tardó en llegar, como si la pereza se hubiera instalado sobre su ventana aquel día, pero llegó. Entonces, salió a la calle y dejó que sus pasos la guiaran hacia el bar donde le vio por primera vez. Allí estaba él, con la cabeza gacha, hundido. Los vasos vacíos de cerveza se extendían frente a él, como si quisieran mostrar su poder a través de un número.

- Otra cerveza, por favor- oyó que decía.

Ella se acercó.

- Deja de beber, no es bueno.

- Gracias por tu preocupación pero, me han despedido.

- Olvídate del despido. Hay tantas cosas bonitas ahí afuera… Ven, vayamos a contar las estrellas.

Él agradeció con la mirada pero, no dijo nada.

- ¿Sabes? La primera vez que te vi era inmortal- confesó ella.

- Entonces ¿por qué te pude ver?

- Porque creíste en mí.

En ese momento, unas alas parecieron asomarse por la espalda de ella.

- Sí, eres un ángel- sonrió.
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Aquí, están el resto de los finalistas y el relato ganador, Magia de Nicole Bonnett.

miércoles, febrero 18, 2009

Identidad desconocida.

El telón de la noche había caído recientemente, tapando el día invernal. Y ahí, en mitad de los párpados cansados de la ciudad, que cada vez parecían irse cerrando más y más, me conecté al Messenger. El agradable Frío, me embarcó en una de sus conversaciones, que fue fluyendo como el curso de las aguas de un río.

Frío dice: ¿quieres ver una foto de mi perrito Chicho?

Bloguera y cuentacuentos (yo) dice: Vale.

Frío envía fotografía.

Bloguera y cuentacuentos dice: ¡Qué bonito!

Frío dice: Se la hizo mi novia. Me dijo que lo sostuviera con la mano...

Bloguera y cuentacuentos dice: Oye, y ese que está en la foto, por ahí detrás ¿eres tú? Si no quieres, no me contestes, no pasa nada.

Frío dice : ¿Eh? Pero ¿qué diablos es eso? No, no soy yo y mi novia tampoco puede ser porque yo sostuve al perrito y ella se puso delante de él para hacer la foto...
(...)

Frío dice: ¿No me crees?

Bloguera y cuentacuentos dice: No, no es que no te crea. Yo no defiendo ni rechazo nada, hasta que no se demuestre lo contrario. Además, a mí también me han pasado cosas raras pero ¿Cómo es que no te diste cuenta de esa presencia extraña hasta ahora que me mandas la foto?

Frío dice: Cuando mi novia pasó la foto, yo no estaba. No me molesté en mirarla bien hasta el día de hoy. Si te fijas, no es un hombre: es una mujer, lleva falda. Investigaré quién puede ser.

Frío vivía lejos de la casa de sus padres, de alquiler en aquel edificio viejo, por motivo de estudios. Tras mirar la foto, un sudor frío con olor a miedo recorrió cada milímetro del relieve de su piel. A veces, Frío, tenía que hacer un pequeño esfuerzo para no pensar, por ejemplo, en la leyenda que corría por su país: contaban que existía una bestia enorme y peluda que algunos creían que era una especie de vaca que iba comiendo carne, carne de animales y quién sabe si también tendría algún día apetencia por los humanos, sí, ahora recuerdo su nombre: el temible chupacabras. Otros, decían que era una especie de murciélago... Quizás fuera una especie de diablo, por llamarlo así, que se complacía cambiando de disfraz, quién sabe. Pero, lo cierto, es que Frío, tras haber visto esa presencia extraña, lo tenía claro: cuando averiguara la incógnita identidad de esa persona que nunca debió haber aparecido en la instantánea, se cambiaría de piso y no volvería jamás. Y no le costó para nada reunir la información: sólo tuvo que preguntar a los vecinos del edificio que quiénes habían estado antes de alquiler en su piso y si había sucedido alguna cosa extraña. Un vecino empezó a contar:

- Una vez, aquí vivió una señora con su hijo. A su hijo le gustaba mucho jugar al baseball. Decían que su madre estaba terriblemente enferma pero, un día la fortuna la sonrió: no sé por qué motivo la llegó una herencia grandiosa. No sé cuánto sería pero, mucho, mucho dinero. Un día, la mujer fue encontrada muerta y cuando esto ocurrió, su hijo se encontraba fuera, no sé si había salido con los amigos o yo qué sé. El caso, es que encontraron un bate de baseball con sangre al lado del cuerpo inerte y maltrecho, que creo que tenía un golpe en la cabeza. Desde el principio, la policía sospechó del hijo que no tardó en aclararlo: "lo hice por su bien. Ella estaba muy enferma y no me gustaba verla sufrir", confesó.

Todo esto, me fue contando Frío, con el llover de los días.

- No me ha costado mucho encontrar un nuevo piso: me voy mañana- me dijo. No sé si me diría que se iría al piso de su novia o cerca de ella...

Tras perder la foto, Frío me la volvió a enviar. Ronda perdida por mi ordenador. Si les digo la verdad, estuve dudando entre publicarla o no. Pero, no sería la primera vez, por otra parte, en la que se publican fotos de supuestos fantasmas o vídeos y nunca pasa nada. Así que aquí está la foto, con el permiso de Frío. Según Frío, el fantasma es la figura de detrás del perrito ¿qué pensáis de ello? Si les digo la verdad, yo no sé lo que pensar.
P.D: Perdonen el tamaño de la imagen. Fue tomada con un móvil.

Qué bonito Chicho ¿verdad?

domingo, febrero 15, 2009

Bajo su cuerpo.



Jamás imaginaron que su viaje acabaría de esa manera: la situación de aquel país empeoró de la noche a la mañana. De nuevo, el sonido de una metralleta corta el aire y se une al coro del dolor y crea dolor... Y los gritos de violencia están tan lejanos... ¡Un momento! ¡se acercan! Suben las escaleras con pasos de gigante. Un escalofrío de miedo, recorre sus espaldas de norte a sur.La cama está demasiado pegada al suelo para meterse debajo y, además, sería un escondite demasiado obvio. La puerta se abre con furor y José se echa sobre su mujer, protegiéndola con su cuerpo: no hay tiempo. Los hombres de oscuro irrumpen en la habitación y los golpes son descargados sobre su espalda, mientras los gritos histéricos de su mujer imploran una salvación. De repente, algo ocurre (José no lo recuerda bien) pero, le parece ver una silueta blanca como la de un ángel, que rápidamente los salva en un aliento de vida. Lo siguiente que recuerda, es la habitación luminosa del hospital y a su mujer, sentada al borde de la cama. Ella esboza una enorme sonrisa tan grande y tan real que parece dibujar el infinito, mientras en sus ojos le saludan las estrellas.

miércoles, febrero 11, 2009

Mmmmmmmm...



Aquel lugar con nombre de músico adquiría un aspecto mágico en las calurosas noches de agosto. Nada más entrar, la capa negra de la oscuridad te envolvía en su manto negro, bueno, era todo lo negro que las tenues luces le permitían ser, mientras éstas eran como unas manos amigas y acogedoras que te decían:

- Ven, siéntate.

El aire acondicionado, la opacidad medio interrumpida, todo parecía funcionar en perfecta armonía para protegerte del calor aplastante de afuera, mientras los espejos de brujas y de marcos antiquísimos te devolvían la mirada como si ocultasen algún secreto en su interior. Y la sed llamaba y ahí se presentaban los zumos ante ti: fresa y naranja, de naranja y plátano... todo era natural.

- Ya veréis que buenos están ¿Cuál preferís?

Y ese líquido delicioso,cada molécula, cada mínima parte inundaba toda tu boca y todos tus sentidos.

El sitio mágico, un día se escondió, se fundió con el ocaso del cielo y nunca más vio un nuevo amanecer.

Siguen en pie los supermercados, habitantes autóctonos de la ciudad, mientras que entre sus calles de productos, los supuestos zumos te lanzan miradas suplicantes en forma de letras "Naranjas recien exprimidas", te dicen, pero lo cierto es que no tienen ni comparación con los naturales.

Hoy, domingo, aprovecho que estoy sola en casa. Ignoro las advertencias de una voz que se empeña en decirme:

- No me toquetees las cosas ¡ No quiero ver nada revuelto!

Y me cuelo en la cocina cual felina. Observo el contenido del frigorífico y elijo nuevas víctimas ¿Cuáles fueron las últimas? Una pera y por lo menos cuatro naranjas ¿Lo han probado?

1.-Haces un puré de la fruta que elijas, si no es líquida como la naranja. Si es líquida, es más fácil: exprimes ambas frutas y juntas el contenido, simplemente.

2.- Luego exprimes las naranjas y juntas el líquido con el puré (si es que la otra fruta era pastosa) y lo bates todo junto y ¡listo!

3.- Si piensas que el zumo te ha salido muy espeso, exprime más naranjas, añade el líquido y vuelve a batirlo todo junto hasta que esté a tu gusto.

No cuesta tanto hacer un zumo. Experimentos en la cocina ¿no es divertido?

Cada día, me derrito con un zumo de naranja. La naranja es la fruta de la vitamina C por excelencia, aunque también está en otras frutas. Dicen que te protege mejor contra los resfriados, actúa sobre el colágeno (forma parte de fibras por la piel y cuando empiezan a degenerarse nos salen arrugas). Más información de la vitamina C aquí. Aunque no abusen tampoco de la vitamina C, que pueden salirnos cristales en la orina.

jueves, febrero 05, 2009

Vacío.



Hay corazones vacíos que se llenan de aire y pulmones y almas... Es un aire hueco, insignificante, seco de alimento, sólo eso: un aire minúsculo e insustancial pero, el suficiente para engañarse a sí mismos, sólo por un tiempo, eso sí. Marchan por el mundo, sembrando ilusiones y sonrisas que luego se encargarán de asesinar. Entonces ¿para qué sirvió todo aquéllo? Un frío terriblemente gélido, cruel y desnutrido los abraza y los golpea en su todo, quizás incluso donde más duele pero, ellos no parecen notarlo y no sé cómo lo lograrán. Y mientras, flores de alegres colores se destiñen, se encogen, se marchitan; lo único que les queda es aferrarse a la esperanza de que vuelva a nacer una nueva primavera. Y en la oscuridad de las noches, la lluvia llora por una razón u otra, sí, pero, nadie parece notarlo porque el mundo simplemente es la gran suela de un zapato, ciega y pesada, que sólo sabe eso: aplastar en medio de su voz dormida. Pocas veces, una cara de sonrisa, asoma desde la oscuridad. Y día a día, siguen cayendo lágrimas de cristal pero, nadie las oye porque a nadie le importa.

El mundo es como una gran batidora que pierde su compás, a cada instante, a cada segundo.

Hoy, ayer, antes de ayer, me he estado encontrando con el lado más oscuro de la insolidaridad. Y un día, también me topé con esa conversación tan ajena, tan extraña, donde usaban una y otra vez esa palabra tan fea, tan desinflada. Hablaron los expertos, todos más jóvenes que yo y tuve que callar. Ni si quiera imaginé que pudiera enterarme de la existencia de algo así. Perdónenme por enlazarlo. Les haré alguna aclaración, por si esa terminología no se usa en alguno de sus países, por mucho que algunas palabras no me gusten.
  • Polvo: acto sexual, coito. Hacer el amor, no, eso jamás sería hacerlo.
  • Enchochamiento: obsesión.
Si se mira superficialmente, puede resultar ridículo y una tontería pero, si se mira fríamente, es bastante triste ver hasta qué punto somos capaces de llegar. Esa es mi opinión pero, si ustedes tienen otra... no se dejen influir por lo que yo opine. A mí me parece lamentable.

Y me siento un ente extraño que se pierde en las aristas de las oscuridad una y otra vez.

domingo, febrero 01, 2009

Concurso - meme y premio.

Lunaria, me invitó a participar en un concurso ¡Gracias! Y ¿En qué consiste? Fácil. Lo único que hay que hacer es:

1.- Escribir un post anunciando y explicando este concurso.

2.- Mencionar el blog del creador del sorteo y linkearlo.Pasar por dicho blog y dejar un comentario como prueba de que participas en el sorteo.

3.- Invitar a tres personas a participar dejando un aviso en sus blogs.

¿Cuál es el premio? El libro El fuego, de Katerine Neville pero ¡firmado por la autora! No puedo contaros nada sobre el libro porque no lo he leído pero, parece que gusta bastante.

Para informarse más sobre este concurso, pasad por el blog de Araque que es quien ha organizado este concurso y donde tendréis algo más de información.

El sorteo se hará el día 14 de febrero, día de los enamorados.

Bueno, ahora tengo que elegir a tres personas. Mis elegidos son...

¡Carlos!
¡Patricia!
¡Bea!

¡Suerte a todos!
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También doy las gracias a Patricia, por este regalito que nos dio ¡Gracias!



Aprovecho también para pedir disculpas a todo aquél al que pude ofender, si es que ofendí a alguien pues, nunca fue mi intención. También doy las gracias a todo aquél que me aguanta, en silencio o no, a pesar de que puedo estar menos por aquí que antes ¡Gracias!

domingo, enero 25, 2009

Furia.



La naturaleza ha despertado de su dulce letargo, lo sé: su frágil voz se ha mezclado con mi sueño, me susurra al oído, me acaricia la piel; a veces, no sólo cantan su canción de silencio las estrellas y la luna: en ocasiones, viene el clamor del viento o la acompasada e inconfundible voz de la lluvia. Otros visitantes también pueden unirse a la melodía de la noche: unos, más agradables; otros, menos. Pero, hoy es el aullido del viento el que se ha colado por el patio trazando círculos de libertad, proclamándola, gritándola. Y mientras, en el viejo tocadiscos de La Tierra, la canción de la noche llega a su fin, agoniza, muere. Entonces, sale el sol triunfal que con una música marchosa intenta despertar a todos los cuerpos, desde el primero hasta el último. No hay piedad, ni distinción.

Llevo un rato levantada y el viento sigue emitiendo sus notas de espiro. Ignoro lo que parece ser un rugido de su garganta y salgo a la calle y me pierdo entre los ríos de hormigón, sin ruta fija ni destino. Acabo en aquel parque solitario con un libro entre las manos. Estoy pero, no estoy. He dibujado una puerta con mis manos y me he sumergido (esta vez, en la Edad Media). Siento como el viento me revuelve el cabello y saca algún que otro mechón del semirrecogido. Me gusta esa sensación pero, su furia grita demasiado. Despierto. Un matorral arrancado de alguna parte viene rodando hacia mí pero, el inoportuno banco en el que estoy sentada, interrumpe su desenfrenada carrera. Alzo la vista y veo las blancas y esbeltas farolas: parece que su fuerza ha sido tragada por un ente oscuro y secreto, ambicioso de poder y se doblan como chicles. Me inquieto y considero regresar a mi casa. A mi paso, las difuntas ramas de los árboles y hojas descansan para siempre tras batirse con la espada de aire del terrible enemigo. Una infortunada maceta ha caído desde algún lugar y dicen que un televisor se ha precipitado al abismo gris. Al encender la televisión compruebo que realmente la naturaleza estaba furiosa: varios muertos por España y Francia, un incendio...

La naturaleza, enfadada multiplica su fuerza y como nosotros somos sangre de su sangre, a veces también ¿No lo han sentido alguna vez?

Sé que estas fotos están pasadas pero, no dejan de ser impactantes para mí. Se me ocurrió compartir algunas. Las hizo también aquel primo que ya mencioné. Uno de los mares más revoltosos de tierras españolas es el del País Vasco. Concretamente, estas fotos son del 11-3-2008.

domingo, enero 18, 2009

Realidad transformada.



Al final del pueblecito, por una de sus esquinas se dejaba ver la inmensa tierra desnuda. Las olas bailaban al compás de la música del verano; se alzaban altas, presumidas y altaneras ignorando que otros mares estaban un poco más cerca de tocar el cielo ¿Cuánto medirían? ¿Poco más de un metro? Pero, aquél, parecía ser el sitio en el que el mediterráneo se volvía un pelín más revoltoso (al menos en la Costa Blanca) sacaba su alma infantil y quería jugar. Sobre todo los niños, respondíamos a su incitación y disfrutábamos saltándolas. Algunos padres agarraban a sus hijos.

- ¡Qué viene la ola! ¡Que ya viene! - exclamaba alguno y juntos la enfrentaban.

Los parapentes parecían caer desde el faro y coloreaban el cielo azul de vivos colores.

Desde arriba, los pinos de la serranía miraban al señor azul, que tanto nos hacía disfrutar. Estaban muy cercanos a él como participando de toda aquella consonancia de sentidos. Una inoportuna carretera, un feo aparcamiento y unas pocas casuchas se habían instalado entre esos seres de copa y ramas pero, pese a que esa presencia molestó, en un principio, a los esbeltos hombrecitos de la sierra y tuvieron miedo con que acabaran aniquilándolos a todos, luego se tranquilizaron al ver que aparentemente los humanos llevaban varios años tranquilos y que no parecían otra vez interesados en construir en el suelo que sostenía sus pies. Así, que ahí siguieron, en su siempre de siempre, contribuyendo al latido del mundo mediante sus moléculas de oxígeno. Siguieron cantando con el mar o siendo cómplices del vecinito que se reía de Esther o de su hermana porque ni siquiera sabían manejar ni unos patines de cuatro ruedas,de la parejita que se adentraba en el bosque para quizás darse un achuchón o quién sabe de qué más secretos ahogados por el tiempo y el silencio.

Al cabo de unos años, los pies de Esther volvieron a peinar el pueblo. Habían hecho un paseo muy bonito donde los puestos de baratijas (en su mayoría) e incluso de música instrumental, que pretendía imitar temas famosos, se agolpaban a un lado del precioso embaldosado. La brisa del mar acariciaba miles de cuerpos, intentando aliviarlos del agobiante calor del verano. Esther llegó al final del paseo y del pueblo, miró hacia la sierra pero... ...¡¿qué?! Una marea blanca de casas había sustituido la verde pinada. Esther no había visto la sierra tan fea. Sólo se había decidido conservar de ella un reducidísimo espacio que en épocas de lluvia se llenaba de agua, siendo el refugio de miles de aves migratorias. Pero, a menudo los vecinos aseñorados se quejaban porque decían que los mosquitos acudían desesperados a devorarlos y pedían a gritos una fulmigación como si dirigieran la natura, ignorando que lo único que hacían era formar parte de ella. En consonancia, los parapentes también habían dejado de colorear el cielo y por esa zona ya se amontonaba la gente en la playa; era difícil encontrar un sitio: se apretaban unos contra otros como si estuvieran en una lata de sardinas, como sucedía antaño en la zona más edificada del pueblo. Sí, debía de ser lo que parecía: nada allí era como antes.

domingo, enero 04, 2009

El lugar desconocido.



Nos cuentan que existe un lugar que escapó de ser captado por los mapas geográficos, un lugar perdido del tiempo y el espacio ¿Cómo sabrán ellos todo eso que nos relatan? Supongo que será el susurro de las voces que vuelan libres por el viento, su alcance no conoce de finitos.

Uno de ellos dice que un hombre decidió cruzar el gran charco de agua y cual fue su sorpresa que se encontró con un trozo de tierra rodeado de soledad, habitado por otros seres distantes de su mundo, tiempo y espacio. Ellos al principio se asustaron mucho de sus ropas ¿Qué cosa extraña cubría su cuerpo como si fuera un edredón? ¿Qué era ese tejido que daba la vuelta a su cuello y tenía un estampado de cuadritos?

- Y ¿cómo se visten entonces?- interrumpe una a uno de nuestros improvisados narradores.

- No lo sé - ríe uno de ellos- nunca estuve ahí. Irán con taparrabos ¡yo que sé! ¡Ja,ja,ja!

Luego prosigue su relato y explica que el gran jefe- no diré el apellido que podría acompañarle, ya que me prometí no decir nada que pudiera delatar dónde se ubican- haciendo gala de una valentía y hospitalidad sin límites le recibe, acompañado de los suyos. Da unas palabras de bienvenida que son fielmente traducidas por el traductor de la tribu. También forma parte del ritual de bienvenida una bebida rara hecha con maíz y no sé qué más. Probablemente, el inocente y delicado visitante, si supiera el procedimiento de su elaboración se moriría del asco: entre otras cosas, en vez de batir, mascan pacientemente el maíz y cuando está bien triturado lo añaden a su pócima. Rechazarla seguramente sería una ofensa; si el forastero pasa esta prueba sin hacer ascos, el gran jefe sonreirá satisfecho y le considerará uno de los suyos. Compartirá con él sus mejores carnes, una de sus cabañas,etc. Por contra, si ve la repugnancia del foráneo en la cara, el gran jefe se sentirá furioso y entonces, dará la espalda al visitante, no le dejará acostarse en sus cabañas, ni compartirá con él sus alimentos, ni nada de nada; el visitante está solo. Si no tiene la suerte de tener una embarcación disponible para él en ese momento, tendrá que dormir fuera cuidando de que las posibles bestias salvajes no le devoren. También dicen que por aquellos lugares, el tiempo pasa despacito como a fuego lento, no como aquí que se escapa entre tus dedos y pasa acelerado asolando ciudades y semejantes, envolviéndolas en su locura. A menudo pienso en que me gustaría estar en alguno de esos lugares.

martes, diciembre 30, 2008

Un año más.



"Y el mundo se llena de luces, todo es alegría, llegó Navidad" decía en su estribillo aquella bella canción, ésa que tuve el placer de escuchar alguna vez desde aquel banquillo.

- Uno, dos, tres...- susurran las campanadas con su inconfundible voz. Sentencia final para el pobre dos mil ocho. El dos mil nueve aparece repentinamente y le da un empujón:

- ¡Quita! ¡Ahora me toca a mí!

Qué triste es a veces la ley de vida, pero en ocasiones nada podemos hacer contra ella.

Resignado, quizás afligido, el dos mil ocho, desaparece, se pierde entre las nubes, se funde con la noche, se difumina como el humo que vuela silente por el tejado del mundo.

La tristeza de unos pocos contrasta extrañamente con los rugidos de los brindis que se oyen desde algún lugar en la lejanía y los buenos deseos susurrados, pensados, silenciosos, habladores. Brindis, risas, champán, burbujas, uvas que pretenden repartir suerte... ... porque el mundo también juega al Carnaval, quiere bailar. Lanza una sonora carcajada al viento, tan poderosa que a muchos llega a contagiar. Se ha vestido de sueño pero, en realidad mundo siempre será, aunque es bonito vestirse de sueños ¿verdad? Es hermoso danzar con las luces o intentarlo por un instante, fundirse en sus notas, aunque como mundo no nos puedas engañar o al menos a mí,no.

¡FELIZ AÑO NUEVO!
(¡Pronto viene ya!)


Un año más, Mecano.

P.D: Entre otras cosas ¡reconozco La ciudad de Las Artes y las ciencias de Valencia! Es la que sale al empezar esa especie de silbidos.

Ojalá que la suerte nos acompañe.

miércoles, diciembre 24, 2008

¡Felices fiestas!

Aquí, el frío glacial golpea nuestros cuerpos. Imagino a los niños del norte, creando quizás muñecos de nieve y tirándose nieve unos a otros. Las calles del mundo también han acudido a su ropero y se han vestido de luces de Navidad, de color ilusión, de villancico, de decoraciones especiales. Se han puesto una fragancia singular y tan poderosa que no sólo aromatizan el ambiente sino que entran en miles y miles de corazones. Es como un hechizo, como la suave nana que te cantaba tu madre antes de dormir. Vienen alas de ángel, notas dulces de azúcar que parecen bailar a nuestro alrededor : el sueño. Procuro no pensar que no quiero despertar, que ese nuevo aroma nunca se irá y entonces, decido creer en lo que decía ese sabio libro poseedor del secreto: " El poder está en la mente" ¡Tenemos mente con pensamientos que se esconden bajo el brindaje de nuestro cuerpo! ¡Entonces, somos poderosos!

Ya sea con calor o con frío, nos vestiremos de fiesta y un nosotros muy grande (tanto que cabe todo el mundo) vibrará con una misma canción llamada Navidad. Si sigues su ritmo ¿a que es delicioso? ¡Todos juntos! Y como dijo alguien que parece bastante inteligente ( pensé que tenía toda la razón y espero que no se enfade si pasa por aquí): si no festejas no está nunca de más encontrar un motivo de alegría para compartir y sino inventarlo. Que me perdone pero, me encantaron esas palabras, pese a que como Tauro cabezota, quizás algún día no las cumpla. Y ahora sí:

¡Feliz Navidad, Blogolandia!

¡Hey! Y ahora me cuelo yo ¿que no se acuerdan de mí? Bueno, para el que no me conozca, soy Lagun, el amoroso ¡Qué agustito que se está aquí!

Lagun sobre el cuerpo de alguna dueña medio dormida.

¡Que yo también quiero saludar! Yo me llamo Lea ¡Felices fiestas!



Y ¡Yo! ¡El nuevo! Vine tras el triste final del reinado de los mandarines de la casa. Soy el nuevo despertador ¡Canto desde las seis de la mañana! Mi nombre es Andrés o Andresito (no, no mires a Esther así, ella no tiene la culpa de mi nombre) ¡Felices fiestas!



Ahora todos: - ¡Felices fiestas!

domingo, diciembre 07, 2008

Psicólogos.

¡Hay que ver! La verdad, es que a veces nos empeñamos en poner nombres hasta a cosas que antes no lo tenían y así, vivimos rodeados de nuevos términos.A veces, parece que no hayan límites para el ingenio humano, sino vean.

Para este vídeo hago alguna aclaración de expresiones típicas de España, por si acaso:

  • "Estar como una cabra" significa estar loco.
  • "Estar cagado de miedo" es tener mucho miedo.
  • "Tocarse los huevos" equivale a hacer el vago.



¿Ven?

martes, diciembre 02, 2008

Hoy no es un día más.



Canciones que te hacen vibrar, narradoras de historias propias, ajenas, que te hacen subir como las olas del paraíso o bajar como esa pendiente que nos saluda desde abajo, esperando, impaciente, nuestra bajada. Y entran por todos los poros de tu piel y de tu alma, te hacen bailar, ser, brillar como una estrella o, por el contrario, son un rugido nefasto que se posa sin permiso sobre tus oídos. Notas calmas, suaves; notas revoltosas, notas de aventura, notas vertidas del Frasco de los Sueños. Portarretratos del pasado, el presente hecho persona o videntes del futuro.

¿Quién me traería aquella canción? ¿Quién propició el encuentro? Ella vino hacia mí, como el viento que te revuelve el cabello, como una brisa suave, camuflada en aquel móvil que aquel pariente mío ya no quería. Ése al que de vez en cuando le gustaba crearse sus propias canciones o tocar su música favorita. En esa canción un pariente mío hace los bajos, el otro toca la guitarra, mientras la chica con su voz melódica y dulce hace los altos. Y así recuerdo a aquellos jóvenes a principios de los noventa, educados, animados, sencillos, respetuosos, responsables, nobles... ...dándose en cuerpo y alma a la música, sus coros ¿Quién de ellos compondría aquella bella canción? Ojalá pudiera compartir con vosotros esa canción escondida de casi todo el mundo pero, no creo, conociéndoles, que a ellos les gustara escucharse por internet. Pero, sí que puedo dejar su mensaje.

HOY NO ES UN DÍA MÁS.

Si no puedes decir que no
y a mi lado sientes más a Dios
es más blando el camino si lo pisan dos
es más corto si piensas que hallarás amor

Si me quieres porque crees que soy amor
y lo sientes dentro de tu corazón
piensa siempre que todo lo que te doy
es más grande porque me lo ha dado Dios

Si mañana al despertar
una voz te vuelve a hablar
y te dice: - Inténtalo
no termines antes de empezar

Que para todos
amanece igual, inténtalo
no pierdes nada
hoy no es un día más.

Hace poco, mis pasos se reencontraron con aquel lugar, silente, impregnado de recuerdos, del que colgaba la frase " Pon amor y hallarás amor".

domingo, noviembre 30, 2008

Eterna mirada.



Sobre mi antiguo barrio de los años noventa, caía la neblina de la tranquilidad. Felipe, el perro que siempre pasaba por los pasos de cebra: lo veía desde el balcón; primero, se paraba, miraba cuidadosamente a un lado, luego a otro y al comprobar que no venía nadie pasaba; las carcajadas de las vecinas que volaban por el patio cualquier día de domingo, el terrible aullido del viento que tanto miedo me daba.

- Ya están aquí las brujas. Como no comáis van a venir a por vosotras - sentenciaba mi madre.

El cambio también se apeó de su misterioso medio de transporte y se dejó caer por allí porque nadie puede disuadir a ese eterno aventurero: él no necesita ningún tipo de permiso para atentar contra todo aquello que se le ponga por delante. Sin embargo, aun en aquel barrio me parece ver un reflejo del pasado, un aroma extraño que me invita a tomarme un café en la calle Melancolía, allá donde esté, sin saber que no me gustan los cafés. Por allí, permanece el antiguo asilo también, al cual quizás fue llevado Rubén, un ancianito que había enviudado hace años. No era que el lugar aquel fuera malo pues, tenía una buena atención, una buena comida, un bonito jardín... ...lo malo era la soledad que le arrullaba todas las noches, esa pesada losa de abandono que sentía sobre su desgastado cuerpo. Jamás había imaginado acabar sus días en un sitio así.

- Venga, lo han hecho por tu bien. No vienen a verte porque están muy ocupados. Ya vendrán cuando tengan más tiempo- trataba de autoconvencerse.

Pero, los días pasaban como la eternidad, que dura, que permanece, que nunca se calla y las visitas... ...las visitas no eran más que ilusiones huecas, vacías, bajo su almohada. Al menos, la tristeza se enmudecía, se hacía pequeña, cuando Rubén jugaba al póker con sus nuevos amigos. Luego, ella recuperaba su voz y gritaba su alarido desgarrador, un alarido que provocaba lágrimas de cristal en él. Muchos hubieran dicho que Rubén no lloraba pero, claro que sí, a toda hora, a todo momento: las lágrimas no sólo salen al exterior, a veces se aprietan, se arrebujan en algún que otro corazón. Aún no sabía la sorpresa que le aguardaba el destino; la primera vez que la vio, era una mañana lluviosa. Ella bajaba las escaleras, toda coqueta, risueña, simpática. A pesar de la distancia de saberse dos completos desconocidos, él la sintió cercana, amiga. Más tarde, se enteraría de su nombre: Paquita. Pero, aquel día, sucedió algo especial, indescriptible. Ella también le miró y sonrió. No tardaron en hacerse inseparables. Reían como niños, corrían por los pasillos, sí, como dos jovenzuelos, por increíble que parezca (ya cuentan algunos que el amor vitaliza). La tristeza, al ver aquel panorama, no tuvo más remedio que medio largarse, resignada, derrotada. Pero, las puertas y las paredes escuchan: los rumores no entienden de fronteras, vuelan libres como el aire y así fue que por un chivato rumor, se enteraron los hijos de Rubén.

- ¡¿Qué?! ¡Este viejo está loco! ¿Cómo se le ocurre? ¿Y mamá? ¿Y nosotros?

Nada tardaron en presentarse en la entrada del asilo ¡Papá se estaba peturbando! Había que sacarlo de allí. De nada sirvió que Rubén se opusiera firmemente, lo sacaron de allí a rastras. Apenas le dio tiempo a despedirse de Paquita pero, jamás creía que pudiera olvidar la mirada que le devolvió.

La casa se mantenía tal y como la recordaba. Sin embargo, Rubén pasaba gran parte del tiempo frente a la ventana, como si aquello pudiera devolverle a Paquita. No era más que un pájaro al que le habían arrancado la libertad. Un día, llamaron por teléfono. No era una llamada como las demás, lo sentía. Su hijo mayor descolgó el teléfono, pronunció unas cuantas palabras que no pudo entender bien debido a que sus oídos ya funcionaban como antes y colgó el teléfono. Entró en la habitación en la que se encontraba y dijo:

- Paquita ha muerto.

Ríos de lágrimas secretas y no tan secretas, pero que se camuflaban con la noche, siguieron brotando del corazón de Rubén. Dicen que jamás, dejó de mirar por la ventana, pero esta vez al cielo, sabiendo que algún día la volvería a encontrar.

miércoles, noviembre 19, 2008

Se lo digo a los humanos.



Ya había caído el telón de la noche. En estas épocas del año, la noche pisa el acelerador en el tiempo, se adelanta por los cielos europeos, al menos. El último espirar de vigilia, los últimos instantes antes de traspasar el lugar de los sueños y Esther cambia, aburrida, a otros canales de televisión. A ella nunca la interesó demasiado la sección de deportes del telediario, a no ser que fuera algo especial,de cierta importancia mundial como La Eurocopa. Se había sentido un poco extraña cuando empezó a ver las noticias, pero al menos, ahora, estaba en más sintonía con el mundo. Al fin había decidido seguir el consejo de aquel profesor "Es importante ver algo de las noticias sino, no te vas a enterar de lo que pasa en el mundo" ¿Qué cómo sé todo esto? Bueno, al principio, ella se asqueó un poco al verme rápidamente: pensó que era una especie de rata o algo así pero, luego, mirándome más detenidamente, se dio cuenta de quién era yo: un turón con todas las de la ley y decidió quedarse un poquito conmigo antes de seguir con sus quehaceres. Después de que ella hubiera sido testigo del triste suceso ocurrido en mi clan, salí de la pantalla ante su sorpresa y la pedí que escribiera por mí. Aun no conociéndonos, siempre pensé que unos oídos prestos a escuchar o unas palabras amigas, pueden ser un excelente pañuelo en el que descargar lloros, penas, incluso escribir, pero yo soy un turón que siempre ha bailado con los bosques, praderas, riberas de los ríos... ... ¿Qué iba a saber yo de ordenadores? Pero, le pedí que por favor que trasformara en palabras no sólo lo que sucedió, sino lo que pienso. No hicieron falta palabras: lo grité al mundo a través de mis ojos. Quizás os preguntéis mi nombre: yo me llamo Flower. Éramos muchos: el temible Mozart, Gara, Blossom... ...¡Aaaay! Blossom, mi dulce hermanita, mi compañera de juegos, de travesuras, de nuevas aventuras... ... ¡mi hermanita del alma! El olor de su ausencia me quema por dentro ¿dónde estará ahora? ¿La llegarán noticias mías? Lo que ocurrió fue lo siguiente:

Aquel día, el clan paró en medio del bosque. Los árboles parecían tocar el cielo africano proclamando su libertad una y otra vez, incansables, como siempre lo han hecho. Entre las ramas silvestres se vislumbraban las enormes chimeneas de algodón, suspendidas en el cielo, anunciando las próximas lluvias. Mamá, se puso en posición, mostrándonos mejor sus tetillas a las que todos acudimos en busca del manantial de leche pero, a la traviesa Blossom la apetecía más otra cosa: explorar. Así que se alejó de nuestra señora madre y de nosotros que tan concentrados estábamos en nuestro papel, que no advertimos su marcha. Tras aquel descanso, continuamos con nuestra andadura, dejamos a nuestras espaldas el bosque que se fue haciendo cada vez más diminuto, insignificante, hasta ser totalmente inexistente del mapa de nuestro tiempo y espacio.

- ¿Dónde está Blossom?- preguntó de repente mamá, alzando preocupada la cabeza.

Por más que miramos y miramos no la encontramos y tristes, apesadumbrados y resignados continuamos haciendo el camino. La esperanza de encontrarla con vida disminuía al igual que caen los granos de un reloj de arena acaparados por la gravedad pero, cuando menos lo esperábamos, vimos a Blossom andar despistada por la pradera, tan cerca... ...pero, un ave rapaz monstruosa y enorme se abalanzó sobre Blossom. En ese momento fue cuando realmente nos dimos cuenta de que jamás la volveríamos a ver. Nuestros ojos se escondieron tras una cascada de tristeza y los gemidos susurraron nuestro dolor y si no me creen por ser un simple turón, pregúntenselo a Esther, ella lo vio a través de ese extraño portal al que llaman televisión.

En ocasiones, he oído a algún humano decir incluso que por nuestra condición animal carecemos de sentimientos ¡Incrédulos humanos! Viven en su mundo de egocentrismo acelerado y contemporáneo y olvidan que ellos también son animales.

jueves, octubre 23, 2008

La dulce ancianita.



No sé cómo llegué a allí. La distancia del tiempo, el olvido momentáneo, hacían que el último recuerdo de un lugar por el estilo, fuera tan sólo como las minúsculas luces del faro que te agita su mano de luz, en una paciente espera a la orilla del mar. El cura frente a sus oyentes, sumido en su rutina habitual pero... ...un momento: esos oyentes, no eran más que unas escasas cabezas, cabezas blancas, grisáceas o tintadas, tratando inútilmente disimular la huella de la edad ¿Jóvenes? Ni uno.

- Yo también hago lo mismo- me comentó mi amiga- Sólo voy a la iglesia cuando hay un bautizo, una comunión, una boda, sino ¡bah!

Pero, X era diferente. Tan sólo tenía un año más que yo. Era capaz de decirte el nombre de los habitantes inertes de una iglesia, sin tartamudear.

- Y ¿éste?

- San Roque.

- Y ¿cómo se llama ésta?

- Santa Teresa de Jesús.

Nada relacionado, podía escapar de su memoria.

Aquel día, le acompañé: quería comprarse no sé qué santo para que velara por sus sueños. El caballero de los cielos, golpeaba con su espada ardiente cuanta cosa se cruzara en su camino: jamás se cansaba de anunciar el sofocante verano. X no sabía muy bien dónde encontrar aquella tienda donde podría hallar el objeto de su deseo y lógicamente yo no le podía ayudar. Una graciosa ancianita, se cruzó en nuestro camino. Caminaba con paso pesado, lento y vestía ropa y joyas muy llamativas, como escapando maestramente de las garras de la vejez. X la preguntó si sabía dónde estaba la tienda.

- Sí, allá enfrente. Seguid recto y enseguida la encontraréis.

Tras dar las gracias, X continuó trazando pasos acelerados sobre el asfalto: siempre andaba así. Secretamente, le llamaba El correcaminos. Rápidamente, la ancianita, fue convirtiéndose en una figura cada vez más pequeña, hasta que se perdió en el horizonte del espacio. Pero, al rato, ocurrió algo inesperado. La voz de la ancianita reapareció a nuestras espaldas. Era como que la hubieran puesto un turbo o algo así. Muy simpática ella, preguntó nuestros nombres.

- Gustavo y Raquel- mentimos.

- ¡Raquel! ¡Qué bonito! Así se llamaba la esposa de Jacob [bla,bla,bla, bla, bla, bla...]

De repente, hurgó en su bolso, del que sacó El nuevo testamento.

- Léame este versículo, joven.

X leía pacientemente cada versículo, y tras cada uno, aquella señora nos daba un nuevo sermón: que si las plantas eran muy bonitas, que si bla,bla,bla... ...con cada nuevo versículo que le hacía leer, la voz de X se volvía cada vez más cansada y apagada.
No sé cuántos le haría leer, imposible de contarlos, pero, decenas. Una risa interna y terrorífica bullía por mi interior y amenazaba con salir, una risa que no pudo al menos, evitar transformarse en una marcada sonrisa que curvaba mis labios. No se me ocurrió otra cosa que ponerme una mano sobre ellos, fingiendo un terrible deseo por morderme las uñas, en un intento desesperado de disimular. Cuando al fin la señora se quedó satisfecha y a X poco le faltaba para quedarse frito, ella espetó:

- Si quieres podemos quedar aquí, en el colegio de al lado o en tu casa, si no hay problema y leemos cada día un poquito de esto.

- No, gracias. No puedo, ando muy ocupado.


Al final, aquella mujer tuvo que resignarse con esa respuesta y guardarla en su bolsillo. Pero, antes de irse, nos dejó un recuerdo:


-
Tomad esta revistita, dice cosas muy interesantes- cosas de su religión, por su puesto.

Al doblar la esquina, X exclamó:

-
¡Tira eso!-cosa que hicimos sin dudar.

- Madre mía, tía, qué mujer más pesada. Al final, la decía sólo "sí, sí, sí..." a ver si se callaba. Y encima tú casi riéndote y yo pensando: " ¡que nos va a descubrir!"


Ya saben: si ven a alguien con una revista en sus manos, muchas veces acompañado, con ojos acechantes y con ganas de hablar, la mejor excusa es:

- Lo siento, tengo prisa.

Aceleren su paso, miren su reloj ¡Corran! ¡Huyan! De momento, no he visto otra cosa más efectiva.


Nota: algunos llevan maletines negros en sus manos y van muy trajeados pero, ésta es una tendencia que al menos por España parece que se va viendo menos.

viernes, octubre 10, 2008

Paseo por Cataluña y Huesca (España).

Sales al día a día, nada más abrir la puerta de la realidad, como hacemos después de cada noche, tras dormir bajo sábanas de estrellas y de luna. Pones el pie en el mundo y un conjunto de elementos físicos, metafísicos te envuelven, te reciben en una aureola de realidad, de verdad patente, evidente y absoluta. Y todo se mueve, todo juega... ...es la ciudad en movimiento, el hábitat de los gigantes de hormigón, de los pensamientos abstractos y secretos; es tu mundo, la piscina que acaricia día a día tu piel, que no quiere que sueñes y que no admite que le des la espalda: sólo en la noche te da tregua. Y a veces, te sumerges tanto en ese lugar de civilización enorme, grandiosa, mayúscula, que se te olvida alzar la vista o ni tiempo tienes para pensar en ello. Olvidamos sentarnos a admirar las puestas de sol, a amar ese hogar de paredes de aire, de cielo, de roca, ese hogar de techos de estrellas o de azul celeste y suelos de tierra o de agua azul.

Hoy, me apetecía contemplar de nuevo y compartir algunas de aquellas muchas fotos que hicieron mi hermano y compañía cuando volvieron de una de sus tantas escapadas ¡Cómo los envidio! Entre otras cosas verán "La bruixa d'or" es decir, La bruja de oro, que se encuentra en un pueblo llamado Sort (en Cataluña) y que tiene cierta fama en el país porque ya ha tocado allí varias veces la lotería (por supuesto ellos también cogieron y trajeron más para todos. A ver si toca...).También verán la única iglesia en el mundo en la que en su piedra pueden verse detalles sexuales.

P.D: perdónenme por no saber la ubicación exacta de las fotos: mi hermanito me las dio así, tan sólo organizadas en carpetas que tenían el nombre de varios pueblos. Algunas por intuición creo que sé de dónde son pero, no iba a poner la ubicación exacta sin estar 100% segura. Espero que os guste el paseo.

miércoles, septiembre 24, 2008

Paseo inusual por la ciudad.



Martes de septiembre: llego a mi casa. El aire últimamente circula enrarecido, pesa en el ambiente. Hoy no tengo ánimos de salir pero, debo hacerlo. Me dirijo al edificio de mi destino, mientras observo un negro noche en plena tarde. No doy importancia a esa usurpación ilícita de lo oscuro a las horas diurnas: como siempre serán esas nubes burlonas que suelen pasar por estas tierras del Este español y, que como siempre, se libran de su carga en otro sitio. Arribo al edificio y acudo al encuentro de una estancia de silencio, un silencio que se ve interrumpido por la furia inabarcable de unas gotas de lluvia que golpean de forma insistente, reiterativa las partes del techo que son de cristal. Movimiento inquieto de gente que viene y va por las distintas plantas del edificio, rostros observadores frente a un cristal... Bajo a la planta baja. Allí, en la entrada, una especie de laguna se ha instalado de forma sorpresiva, improvisada, cómoda, como si no supiera que ese ambiente no la corresponde. Dos empleados friegan insistentemente:

- El agua sale de los váteres. Es que esto no está hecho para aguantar esto -dice alguno.

Después de minutos vacíos de espera, quiero salir: prefiero que si me tienen que rescatar que sea en mi casa.

- ¡No salgas! - me advierte alguien, pero yo no hago caso a sus advertencias.

Trato de seguir la ruta por la que he venido. Mi cuerpo se cala en pocos segundos. El agua cubre las aceras haciéndolas prácticamente indistinguibles de las carreteras. Entonces, al llegar a la esquina, la boca abierta y feroz de una alcantarilla me sorprende, acompañada de un precioso río, de esos que muy difícilmente se ven en esta zona, cruelmente castigada por la sequía. Vuelvo al edificio del que no sé si debí salir, un poco temblorosa y con la herencia reciente sobre mi ropa de una marca de agua que casi me llega a las rodillas. Esperar... ...otra vez... ...pero nada puede reprimir ese deseo, esa preocupación por aterrizar en mi casa: vuelvo a salir, vuelvo a observar la terrorífica y abierta alcantarilla. Retrocedo, cambio la dirección:

- Ya sé, pasaré por la plaza - pienso.

Pero, en vez de una plaza, me encuentro una isla de hormigón en medio de un vasto oceáno en el que dos coches cruzados decansan. Paso como puedo por una orilla.

- Pues me iré por la calle X- me digo.

En el camino, veo un pajarillo negro al que la lluvia se encargó de dormir en sus brazos de veneno. La cascada sigue cayendo del cielo, incesante, murmurando su melodía incomprensible o quizás sea una risa cruel o el sonido apagado y perdido de unas palabras de desamor. Ya no puedo distinguir dónde estoy, ni pensar con claridad: sólo estoy en medio de una calle que se ha vuelto una completa desconocida para mí ¿Qué me está pasando? A la triste canción se suman los agudos sonidos de las sirenas pero, tampoco puedo distinguir de qué son. Entonces, aparece ella: la mujer rubia que también estuvo esperando conmigo en la entrada del edificio, de rostro amable y con un toque risueño. La pregunto por mi calle y muy amablemente me ayuda a recuperar esa orientación que casualmente perdí en algún punto del camino. Agradecida, tomo la calle larga: allá, al final, debe de estar mi hogar. Sin embargo, en medio de mi trayectoria otro enorme río ha invadido un territorio que no le pertenece. No parece profundo pero, lleva corriente. Me uno al grupo de la gente del bar B. que inquietos y asustados se agolpan en la entrada sin atreverse tampoco a pasar.

- Estoy bien. Estoy en la calle P.-dice la mujer que tengo al lado a través de su móvil.

Es desesperante estar tan cerca de tu destino y sin embargo no poder llegar.

No tarda en llamarme mi madre.

- ¡Inténtalo! -dice.

Mientras, observo como un hombre cruza el río y no le pasa nada. Ésto y el mensaje de mi madre me animan a continuar. Paso el río, paso el resto de calle, más inundado aún. ¡Al fin llego a mi casa!

Al día siguiente, muchas clases, etc. se suspenden. Las huellas de ayer aún descansan en el asfalto de ciudad. El gris oscuro sale a saludar al nuevo día y ahora se une el brillante sol ¿Será engañoso?

lunes, septiembre 22, 2008

Idas y venidas.

La felicidad no sólo se halla en la dicha, sino también en aprender a aceptar. Un día descubrí esa frase al abrir la puerta del mundo, como uno suele hacer cada mañana, al abrir los ojos. Apenas puedo recordar cuando por primera vez fui consciente de ello y el primer sentimiento al divisar unos vastos campos de desconocimiento total y absoluto y las gotas de esa emoción que poco a poco se fueron perdiendo por el camino y que quizás el agresivo sol del verano, el soplido del viento o el agua intrusa terminaron de aniquilar conforme fui creciendo, destapando misterios y acostumbrándome al relieve heterogéneo de la vida. Y apareciste tú, compañía inestable y viajera. Compartimos un mismo tren de espacios y tiempos, de momentos, de situaciones, pero el temperamental temporal irrumpió en el cielo con su dedo de luz, llevándonos sin ningún tipo de miramientos por caminos distintos. Entonces, el punzante dolor se apoderó de mi alma ( no sé si de las vuestras: tampoco puedo hablar por vosotros). Después, me visitó la lánguida y decaída tristeza y la serví durante unos días. Miraba el vagón y estaba solo, vacío, dormido. Me preguntaba por qué había pasado todo eso, por qué de la noche a la mañana tú, yo, nosotros, habíamos dejando de caminar juntos. Entonces lo vi: vi que las relaciones se cogían de las manos con finísimos hilos y a veces un mínimo contratiempo podía disiparlas, en ocasiones para siempre. Es así: un ir y venir... ... me ahogo en dolor y entonces es cuando la noche del tiempo me enseña a aceptar y redescubro el firme barco estable de la vida. Después, volví a mirar el vagón y me di cuenta de que no estaba sola: las compañías permanentes me rodeaban.