Vino. Se sentó frente al ordenador.
- ¿Sabéis quién está en el facebook?
Con actitud inesperta buscó el enlace y tecleó en el casillero la identidad en cuestión; ahí estaba ella, alzando su rostro maquillado, alzándolo y mostrándolo al mundo. Había tirado el miedo al retrete del olvido.
Me he disfrazado de espía silencioso y he paseado mi estela muda por esos lugares cibernéticos; el tecleo de las teclas ha rasgado silencios en esta operación secreta, destapando rostros perdidos en el infinito de mi vida, reviviendo cada una de sus líneas, descubriendo cambios trazados por el infinito del tiempo. Quiero saber más, más de esas nuevas pinceladas que un pintor llamado Tiempo se empeñó en dibujar con una sonrisa socarrona en los labios, la misma de aquél que se sabe invencible. Y por un momento, deseo unirme a esa fiesta de desnudos.
- ¡Ni se te ocurra! ¡Lo está diciendo la Guardia Civil todos los días! Tú quién sabes quién está detrás de una pantalla; hay gente muy depravada por ahí - grita la voz de mi padre dentro de mi cabeza, una voz que hago mía y que pienso que puede tener razón; el mundo de fuera a veces, es demasiado frío, demasiado hostil. Las manos se endurecen cada día con el frío de la adversidad; el corazón se congela, se duerme, se olvida de hablar y aprende a beber el silencio de las palabras; el oxígeno se pierde bajo la almohada. Mueres y aprendes a revivir, revivir, sí, después de que se oscureciera el sol. No. Prefiero no saber de atardeceres y sí de amaneceres, nunca se sabe. No. No me convenceréis. Me he acostumbrado a ese anonimato, a esa caperuza creadora de oscuridad. Me gusta más remodelarme en tu imaginación, mutar mi aspecto en cada uno de tus momentos asentados en sus tiendas de campaña, como el libro que te incita a soñar. ¿Jugamos?
Unos ojos te están mirando. Ya no sé si ahora son de verde selva o de color avellana. Te miran tímidos, escondidos entre un bosque de largas pestañas. Una sombra rosácea planea sobre las superficies para acabar durmiendo sobre, quizás unos párpados y la semiluna de un pálido terreno. Los labios manchados esta vez en carmín, continúan encerrándose en su mutismo. El cabello dibuja ondas en forma de cola de caballo, sólo por esta vez. La noche se ha cernido sobre el cielo azul. La tenue luz pasea sobre la habitación y apenas logra visualizar todos los objetos. El cabello se pierde, se ahoga en esa semioscuridad ¡Espera! ¿Te pareció ver un ligero reflejo castaño? ¡Bah! Quizás fue la imaginación.
domingo, julio 12, 2009
Espía.
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Esther
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viernes, julio 10, 2009
Genética fatal.

Recuerdo a Margarita, la profesora de biología, atenta, amable, buena en sus explicaciones y también aquellos días, donde el agobio se acumulaba en forma de hojas de papel y los cálculos y demás ideas invasoras bombardeaban tu cabeza, se entrometían en tus pensamientos, incluso en tus sueños. El agobio de hoy es diferente: es una agonía silenciosa que se acumula día a día. Es búsqueda, una pieza que busca encajar en un puzzle de existencia.
Y llegó el día en que nos enseñó algo de genética, esos esquemas donde un hombre y una mujer descubrían los genes de una determinada característica sobre el papel y se nos hacía una pregunta tipo: si un hombre tiene, en cuanto a ojos, gen dominante de color marrón y un gen recesivo de color azul y la mujer tiene la misma combinación ¿qué probabilidades hay de que sus hijos tengan los ojos azules? Nosotros éramos los que jugábamos sobre el papel, cruzando los genes de uno y de otro, dibujando posibilidades. Un gen dominante es un egoísta, nunca deja manifestarse físicamente a un recesivo cuando le coge de la mano.
Sí, Margarita siempre estaba dispuesta a ayudarte. Era como un bálsamo de paz donde cabía toda la paciencia del mundo. Sólo había una cosa que no estaba dispuesta a volver a hacer.
- Profe, ¿me dices qué posibilidades hay de que yo y mis hermanos seamos grupo 0?
- No, eso sí que no lo puedo hacer.
No, no volvería a trazar un esquema así para nadie, nunca más. Aquélla era la misma pregunta que esa moza inocente, le hizo hace años y ella, tan dispuesta y entregada como siempre, había procedido a tintar su deseo de realidad. Ni ella ni la alumna hubieran imaginado la tormenta que les vendría encima, el enorme chaparrón que acabaría mojándolas a las dos pero, que sobre todo atravesaría el alma de esa chiquilla curiosa.
- Mis padres tienen grupo 0- la informó- y yo soy A positivo.
- No puede ser...
- ¿El qué no puede ser?
Cuánto quisiera Margarita haber podido dar marcha atrás, haber podido deshacer ese "sí, te lo hago" ¡Maldita la hora en que lo esbozó en el aire, en que lo desveló del pensamiento! ¡Maldito su buen hacer, su manía de ayudar y apoyar siempre a sus alumnos! No, aquéllo no podía estar pasando, debía de ser un error.
- ¿Estás segura de que tus padres son 0 y tú A?- latidos trémulos hablaban en secreto.
- Sí, a mis padres les hicieron las pruebas hace tiempo y a mí también.
- Oye, mejor otro día...
- Profe, no me dejes así... Ya lo has empezado...- Sí, ya había empezado, ¿cómo decirla que no la daba la gana ahora de seguir? Había dicho que sí: no había vuelta atrás.
- 0 es un gen recesivo y A es un gen dominante. Si tus padres son 0, significa que no tienen gen dominante: los dos tienen la combinación 00 y todos sus hijos serían 0, no podría haber otro grupo, quizás tú...
Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas. Parte de aquéllo en lo que había creído se desmenuzaba en mil pedazos, se caía de los bolsillos de su identidad, se convertía en bruma para finalmente suspirar un adiós. ¿Quién era realmente? ¿De dónde venía?
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Esther
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5:50 PM
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miércoles, julio 01, 2009
Un hoy diferente.
La cama está vacía. Hace tiempo que está sedienta de tus brazos, de tu amor, un elixir tan único, tan propio... una llama que se consumió lentamente como una vela, una llama que se rindió al abrazo del viento y que dejó de titilar para mí.
Un vaivén de dudas asaltó mis noches, indistinguibles de mis días oscuros- ¿Qué hice mal? ¿Qué ocurrió? ¿Por qué?. Y los espejos se asustaron al saberme invisible. Los cuchillos rasgaron el alma y el trago amargo de un llanto declarante y silencioso negó luz a mis ojos. Pero, hoy, como todas las mañanas, salí a caminar y, ¿sabes?, ya no encontré el sabor de mi reciente ayer; hoy observé la risa inocente de los niños, el canto alegre de los pájaros, el abrazo de los míos. Hoy, el sol me sonreía, allá en lo alto. El mundo se movía en su loca agitación y un sinfín de días esperaban a ser probados con intensidad. Y tantas cosas observé, tantos horizontes de vida... Sería imposible pintártelos todos.
En la calle, una nota esperaba para mí, tirada, desapercibida, impaciente. La abrí:
" En realidad, nunca dejamos de brillar para ti".
Volví a mirar el sol, la montaña, la flamante ciudad. Sonreí.
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Esther
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domingo, junio 28, 2009
Paseo del ayer.
Las adolescentes o niñas (ni siquiera lo recuerda bien) se remangaban ligeramente la falda y la hacían bailar en incansable baile alrededor de sus piernas. Daban vueltas en círculo; sus ropas se habían transformado, repentinamente, en las de unas de esas damas de épocas antiguas que lucían vestidos ostentosos, de princesas y cuyos corsés y demás complicaciones apenas las dejaban respirar. Entonces, de la nada, la sala se empezó a llenar de personajes distinguidos, con extraños looks que los años se habían encargado de empolvar. Pero, las chicas no le dieron importancia: ellas eran felices, moviéndose en ese mundo irreal pero, tan real al mismo tiempo... hasta que...
- ¡Niñas! ¡No os comportéis así! ¡Que ya tenéis... añazos!- vociferó la madre.
De nuevo el salón estaba completamente vacío, pero seguía vistiendo ese atuendo tan elegante, lujoso, precioso como la belleza de piedras preciosas. Sólo el padre, la madre, la hermana y quizás alguien más, estaban allí; simplemente, se habían dejado llevar por el hechizo de esas paredes kilométricas, de ese cielo de exquisitez, de las cientos y cientos de baldosas.
Ese día de los noventa, no me traje cámara, así que lo único que puedo ofrecerles es esto:
Salón de baile del Casino de Murcia, tomada de la página Pueblos-espana.
Fachada del Casino de Murcia, tomada de Wikipedia.
El imponente Casino de Murcia, se asienta en la calle Trapería, que duerme y vive eternamente cerca de la vieja catedral. Allí, contaron que un día entró un hombre; aquel día y a aquellas horas la iglesia estaba a punto de cerrar. Sólo era un desolado desierto, salvo por una pequeña figura, sentada en uno de los bancos, encorbada, rezando frente al altar. Figura femenina. Y al verla, el hombre empezó a crear palabras; la mujer alzó la cabeza al instante y el hombre sintió que le faltaba la voz. La expresión de su rostro se congeló en el tiempo y sus ojos se abrieron como platos. Quería correr pero, al mismo tiempo no podía; no poder hacer, no poder actuar. Conocía cada milímetro de ese rostro, cada arruga y cada gesto que se dibujaba en su línea del tiempo. Era una familiar suya, una persona cuyo viaje por la vida sabía que había finalizado hace tiempo. Había sabido de su último respiro, de los últimos momentos en que había observado en esta gran bola redonda, antes de cerrar sus ojos para siempre. ¿Cómo era posible?
- Ya me voy - musitó, quizás, el cuerpo viejo de mujer.
Se levantó lentamente y trazó sus cansados pasos, al tiempo que su silueta se difuminaba en la invisibilidad de un infinito desconocido.
Un escalofrío recorrió la espalda de la joven de principio a fin, mientras la anterior historia cobraba vida en sus oídos.
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Esther
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10:04 PM
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martes, junio 23, 2009
El adiós de las palabras.
No sabe desde qué noche sus cuadernos lloran en el cajón del olvido; el contacto de las teclas con los dedos en un altanero ordenador y un cielo virtual azul lograron seducir a su dueña por completo. Pero, hoy los recuerda y los toma entre sus manos.
Esos cuadernos no son como los demás: entre sus páginas se esconde un olor a hierbabuena del pasado, un olor especial que sólo ella puede percibir.
Las ganas de escribir bullen por sus venas. Viene. Va. Se sienta. Se prepara para parir las palabras. Pero, éstas se escapan, vuelan como duendecillas traviesas en el aire y se ríen en perpetua venganza. Y el tiempo pasa, se consume en el segundero de un reloj.
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1:58 PM
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viernes, junio 19, 2009
Voces nocturnas.

El centro de la ciudad nunca acallará su voz: le da igual que sean las diez de la mañana o las tres de la madrugada ; quizás su voz hoy sea de tablao flamenco con sabor a palmas y a castañuelas, o quizás simples bramidos vencedores de todo obstáculo, incluso de sueños.
- ¡Que te rajo! ¡Que te rajo!- Una navaja brilla bajo la luna.
- ¡@%&%&!
Unas jóvenes regresan a las siete de la mañana, enfundadas en un escaso trozo de tela que apenas alcanza a tapar más allá de donde se ocultan sus secretos. Ríen y se abrazan a las nuevas camisetas masculinas, sí, nuevas, porque quién sabe, quizás pronto se cansen de ellas y las cambien por otras más novedosas; las cosas parece que son así: se encuentra un nuevo producto en el mercado, se usa y se cambia por otro en cuanto pierde el color de lo inicial y se convierte en costumbre. Pero, no hagan demasiado caso a esta observadora de ventanas, de paisajes, de texturas, de sabores: son mundos distintos que colixionan; el mío, quizás el tuyo.
Un banco también es un buen emisor de graznidos a las altas horas de la noche.
Son sólo unos ejemplos, para que X. se levante y marque el teléfono de la policía, a la vez que se pregunta que por qué tan pocos vecinos se atreven a hacer lo mismo. Y mientras, yo agradezco el poder dormir en una habitación interior.
Recuerdo cuando nos trajeron al inglés. Acababa de llegar a España con su música y su maleta de ilusiones. Sí, el mismo que se horrorizaba al intentar pronunciar la "r" fuerte española.
- Ouch! It's horrible- y se tapaba el rostro con ambas manos.
- Tú vas en el avión todo cansado y lo que menos te apetece es aguantar a un español al lado, gritando por el móvil - dijo mientras imitaba a alguien ensañando fuertes golpes de palabras sobre un pobre teléfono. ¿Qué pensaría de nuestras calles? Calles que acunan esencias ya no sólo españolas. Alaridos que rasgan el cielo estrellado, que molestan, que arañan en la gigantesca ciudad. Telas de colores dispares, de olor a asfalto y que sin embargo y a pesar de todo, casi siempre suelo amar.
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Esther
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9:00 PM
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domingo, junio 14, 2009
Aquel día.

Aquel día vendí mi alma, mi honor y mi orgullo, ¿y para qué? Hablan los espejos pero, no me reconozco. Intento encontrarme pero, sólo me asaltan los fantasmas del pasado y una imagen demacrada y gastada que me asusta y que las huellas del maquillaje saben disimular bastante bien.
Hombres, hombres sin nombre. Cuerpos sudorosos que se avalanzan sobre mí. Manos, manos que muerden, morbosas, insolentes, carentes de la palabra amor. Palabras pervertidas, veneno de cuchillo que destroza lo indestrozable porque ya no me queda nada: los lagos de lágrimas se han acallado, al igual que los latidos del corazón y los vasos de sonrisas. Porque estoy muerta: soy la muñeca de trapo, el juguete que duerme a la espera de ser usado.
- Eres preciosa - me decías embelesado. - Mira a las estrellas del firmamento. Tú también puedes ser una de ellas.
- Cómo- reía yo.
- Tengo un amigo que... No hay nada de malo en compartir tu belleza con los demás. Él te puliría como a una estrella- me guiñabas el ojo y yo reía más y más.
Sí, aquel día fue mi perdición: aquel día en el que nuestros labios se saborearon por primera vez y en el que mis oídos se dejaron acariciar por el dulce vino de tus palabras. También lo fue el día en que empecé a tomarme en serio tu proposición. Total, como tú me decías, sólo era un juego y en cuanto pudiera podría dejarlo. Pero, jamás imaginé que fuera tan duro: ese ácido de vicio ajeno y corrosivo de almas y de la propia identidad.
Tú eras un lobo bajo tu piel de corderito; yo una niña tonta e ingenua que se creyó tu Estrella de Oriente. Y te marchaste, como lo hacen las estrellas fugaces, dejando tu estela de desencanto en mi cielo de fantasía y finalmente tu figura de soledad.
Día a día, mis pasos de existencia se dibujan y desdibujan entre una manada de lobos y ahora este amable señor se pregunta que por qué no reconozco la palabra amor, que coja su mano y que la pruebe por primera vez. Y se extraña, se extraña ante mi cara de no creer.
Cuerpo y corazón- Mecano.
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Esther
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9:32 PM
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