miércoles, diciembre 23, 2009

Camino equivocado.

Atended: Elroy Workman es una persona fuera de lo común.

A menudo, he tropezado con rostros varoniles - sobre todo - que sólo han dibujado cielos fugaces y lagos de espejo, que perecen con el tiempo; gente que dijo, sin necesidad del expreso lenguaje de las palabras, que se quedarían a velar mis sueños y que en un despertar, sólo me dejaron el sonido nostálgico del caer de las hojas de otoño. Pero, Elroy Workman, como os dije, es diferente. ¿Que cómo le conocí? Yo, viajaba sola, siempre sola, envuelta en mi halo de invisibilidad espiritual, de olvido, de tristeza y de esperanzas caídas. Era una náufraga, envuelta en un mar con enormes garras de gravedad que me estiraban para abajo, muy despacio, un mar que me quería comer y yo había perdido las fuerzas, que ya sólo eran retazos de energías fingidas. Entonces, el pescador se acercó, un pescador que desde hace años había decidido ignorar. Pero, sus ojos no habían cambiado: seguían teniendo ese brillo especial del faro, seguían pronunciando un "cómo estás". Seguía formulando, en un círculo de secretos, mi nombre y seguía apresando las noticias. Por eso, por una vez en la vida, decidí mirarle a los ojos y encajar mi mano en la suya; tirar a la cuneta cajas de mentiras vacías y de esperas interminables.

Hoy, Elroy y yo caminamos hacia el paraíso, haciendo bailar nuestros brazos, riéndonos del tiempo.

Lo admito: me despisté. Fui caminante de caminos inhabitados; miré al lugar equivocado. Puede pasar, ¿no? Pero, he aprendido que sólo debo ver ojos como los de Elroy, que saben escuchar corazones y devolver sonrisas.

viernes, diciembre 18, 2009

Cae la nieve, todo es blanco...



Recuerdo esas noches de verano, que se dejaban caer, poco a poco, cuando el día decidía adormecerse y llevarse, sin demasiado éxito, un poco de esas gotas de vapor asfixiantes, ardientes,que clavaban sus uñas en la piel, arañándola con sus brasas de fuego; aquel espacio abierto, donde a pesar de las diferencias de edad y de la sensación de extrañeza inicial,uno la dejaba caer de los bolsillos y se contagiaba de la agradable voz de la alegría. Y ahí estaba, él, Lianco, formando parte de esas notas, que se elevaban en el aire y echaban sus polvos mágicos multicolores y las carcajadas y paradas de autobús distraídas del entretenimiento y diversión, una diversión sana y de brisa fresca de azul marino. Los pulmones se llenaban de ánimos de arco iris, mientras el mar dormido, te susurraba al oído.

Despacito pero, sin pausa, va llegando una nueva visitante, que vestirá al mundo de luces y de sueños.

-Contágiense del delicioso virus de mi baile; que el alma mueva sus pies y toque las estrellas del cielo. Dibujemos un pequeño y eterno paraíso de sonrisas- parece susurrar la señora Navidad.

Quiero atrapar esas burbujas de felicidad efímera y que sus pompas de jabón traviesas hagan estallar el alma de carcajadas monstruosas de felicidad. ¿Las damos caza? Para ayudar, os pongo un tema de Lianco, que si no me equivoco, lo escribió él. Espero que os guste, pero sobre todo, que os haga bailar.

¡
Felices fiestas!




P.D: Por si alguien quiere saber quién se esconde detrás de esa gran voz.¡Ssssh! quizás si miráis bien os podáis encontrar por ahí algún que otro famoso ¡Je,je,je!

martes, diciembre 15, 2009

La advertencia.

Había oído hablar del nuevo comercio; miles de bocas entusiasmadas, ensinismadas en un incesante ir y venir de palabras atropelladas, perdidas incluso en el vagón de lo ininteligible.

- Ve- le había dicho su amiga- ¡tienen cosas inimaginables!

Al fin, más que nada movida por la curiosidad, posó sus pies en el embaldosado del requetenombrado edificio. Aparentemente, era un comercio normal: los típicos pedazos de tela, haciendo realidad las fantasías de algún diseñador; las hábiles miradas de las dependientas, localizando las presas del campo y haciendo gala de su amabilidad formal... ¿Qué cosas se podían encontrar en ese lugar que lo hacían tan especial? De repente, obtuvo la respuesta: en un escaparate, había un hombre, aparentemente dormido. No sin incredulidad, leyó en el etiquetado " Hombre, 1500 euros". No muy lejos de la etiqueta, había una nota en la que rezaba: " Las autoridades sanitarias le advierten que el hombre perjudica seriamente la salud". Ahora empezaba a entender el ruido, el desgaste excesivo del nombre que portaba tan peculiar lugar.

domingo, diciembre 13, 2009

Señor de los Sueños...

La pequeña gran mujer (grande porque le habían obligado) vivía atada a la mazmorra del tiempo, de un tiempo que bailaba con los torpes pasos de contratiempos que susurraban sus latidos de oscuridad, sus pétalos tristes y marchitos, sus estelas de lo efímero y de lo que fue y se fue. De vez en cuando, recordaba el Jardín de la Infancia, haciendo una parada en la calle Melancolía. Y así, bebía el desayuno de los días, mojando una dulce galleta, catando un sabor agridulce.

El Jardín de la Infancia, era un país maravilloso. Sus acogedoras puertas se abrían a tu paso, te abrazaban en su mundo de color. El cielo azul sonreía con su intensa peonza del cielo, peonza de hilo invisible, que queriendo seguramente jugar, había perdido su forma de pera. El aire fresco y estable llenaba los pulmones y sobre el manto esmeralda, la colada de juegos, de espejos sin doble intención, de lagos de cristal y de acordes de inocencia, posaban sus alas de ángel. Cada día, había un nuevo descubrimiento, que se destapaba, que sorprendía con su nuevo vestuario de verdad. Y desde las ventanas, podía observarse el mundo de los adultos y esas cosas prohibidas y no prohibidas que uno no siempre comprendía muy bien. Pero, ahora, la realidad era otra: había cruzado la frontera; sólo podía sentarse secretamente en la butaca y observar la sonrisa de esos pequeños seres y el mar de virtudes primitivas y aún no afeadas por el crujir del tiempo. Sólo podía sentir arañazos de oscuridad que se entremezclaban y se confundían con estrellas fugaces. Pero, un día, El Señor de los Sueños, señor misterioso, la concedió un deseo: su estatura fue acortándose, las manos haciéndose pequeñas... Sólo fue una noche pero, fue suficiente, suficiente para saber del poder de la mente una vez más, para escapar al paraíso.

Cada noche, El Señor de los Sueños, coge su mano y la de unos cuantos fugitivos más. Cada noche, trazan historias en un arco iris de estrellas, en algún país lejano y viven la libertad.

viernes, diciembre 11, 2009

La visitante Soledad.

Ser diferente, sobresalir de las cabezas de los demás, no siempre fue fácil: las burbujas de la compañía te pueden rodear, pero, puede que en una noche, un instante, un suspiro, sientas el aliento gélido y cortado de la soledad, que te congela la piel, te la estruja, la desolla, la quema. Yo nací con esa peculiaridad: ser diferente; el vello abundante, caballero intruso, cubría cada trozo de tierra de mi piel. Las mandíbulas salían, se daban al mundo exageradamente.


Cuando conocí a Lent, yo era empleada del hogar. Me ofreció una vida distinta, alejada del humo de los plumeros, de los candelabros, de la monotonía fantasmagórica de la mudez del mundo o de sus carcajadas sonoras. No sé por qué acepté su oferta y me convertí en su paloma fiel. Quizás pensé ver en sus ojos un atisbo de calor, una llama diferente a las de extrañeza e incluso desprecio que poblaban otros ojos. ¿Sería amor? No sabía ni he sabido nunca lo que era el amor, eso que tan ansiosamente buscaban las personas, esa alianza especial que ligaba sangres, sudores, mares, músicas de pensamiento. Nunca experimenté el calor de la leña del hogar, sólo, en ocasiones, una amabilidad educada, distante, programada, enigmática, ensayada.


Lent me exhibió por todo el mundo, como un animal ¿Lo sería? Los barrotes susurraban voces aterradoras, estrepitosas a veces o, leves susurros del viento. Los dedos índices apuntaban como anunciando el juicio final, la evidencia, la carne del pecado. Y así acabé, mordida a risas.

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¿Qué personaje es? ¿Lo aciertas? La solución aquí.

sábado, diciembre 05, 2009

Nonsense.

- No pronuncien nuestros nombres. No tatúen corazones huecos en paredes de existencia - suplicaron las palabras, cansadas de ser usadas ,simplemente, para perseguir un claro objetivo que nada tenía que ver con la melodía de sus sílabas. Pero, la gente no las hizo caso, no las escuchó. Ahora, no son más que huérfanas de noches sin sol, pobres significantes sin significado, plumas ligeras de la nada. Ya no son poderosas brujas capaces de revivir poderosas máquinas como el corazón. Porque todas llevan el sello de la mentira, algo que por mucho que intenten ocultar, tarde o temprano sale a la luz. Porque el embuste cojea, se enlentece, pierde velocidad y acaba siendo destapado por las sábanas del tiempo.

Otra princesa, baja las escaleras del mundo. Sus ojos son dos charcas azules pero, seguro que él ni lo ha notado. Él se dispone, se prepara. Con una pose natural todo será mucho más fácil, sí. Ataca, tira sus flechas de terrones de azúcar. Pero, ella no le cree.

- Vaya suerte la mía. Otra resentida con la que me encuentro- murmura lleno de ira.

Ella ya sabe del terrible secreto de los vocablos, esa humedad vacía, esa nube muerta. Quizás siguió la dulce voz de una estrella guía, que la abandonó en medio del camino y la hizo perder el equilibrio.

Las palabras se ven atrapadas en el código de la simpleza. No son más que marcos vacíos, carentes de obras maestras. Las han succionado. Las han matado.

viernes, diciembre 04, 2009

"Dulce" tentación.

Acaricio suavemente la escopeta. Mis dedos se deslizan lentamente sobre el inerte metal, formando sinuosos caminos. Una pausa. Un agarre fuerte y de nuevo, un aflojar de tensiones rojas, que se despiden, se exhalan en el aire, aliviadas por la bienvenida libertad, por no convertirse en algo más. Mente ausente, que de repente, reacciona y ve a través de las cadenas de impotencia que la atan, de esa mezcla extraña de cielos grises, bañados en el enfermizo y fugaz deseo de la sangre y los aguaceros de nostalgia.

- No son conejos. No son conejos- repite.

Guardo la barra de batalla, de fuego silenciado, allá donde nunca debió haber salido: la cima del armario. Vuelvo la cara. Miro a la noche y no la puedo sonreír. Pienso en mi casa. La echo de menos. Allá, en la lejanía, una luz se enciende, una luz accionada por la mano invasora, una luz que sigo pagando. Y atesoro días en cometas de papel, que suplican una esperanza, un día en que la Justicia decida abrir los ojos. Ahora, yo también soy perro triste y sin hogar, pero a mí no me ven; los días en el hotel van desgastándose como los pétalos al llegar el otoño.

El arma, con su macabro baile seductor, me vuelve a llamar, me silba, me evoca, en notas de silencio. Siempre igual, con ese agudo chillido vacío con altos poderes hipnotizantes. Me tapo los oídos en las sábanas de la ignorancia: una cuesta hacia arriba. Me pregunto cuánto podré aguantar así.

Nota: últimamente, he visto o he oído casos como estos, con bastante frecuencia. Me llama la atención.