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viernes, enero 01, 2016

Carta XXVIII

Querido:

Hace tiempo que no te escribo: puede ser que sea que al fin comprendí que los sueños, sueños son y que tú eres un sueño. Quizás es que los constantes silencios del invierno acabaron por lacerarme las manos, manos amoratadas, cansadas de esperar, de luchar,  de dibujar auroras boreales allá donde no están. Creí encontrar primaveras y quise creer en los sonidos de las flores que tarde o temprano, acabó por comerse el invierno.

¿Cómo será la miel del verano en los labios? ¿Y el otoño tostado en el cuerpo?  ¿Cómo será cruzarse con la eterna primavera y poder botar? Me temo que estas son cosas que jamás entenderé.

Ayer el viento sabio me dijo que siguiera el negocio; es 2016 y me parece increíble que aún siga yo sin ti. Perdóname, si cambio el rumbo, pero has de saber que mi falda arrastra ya demasiado invierno, un invierno que a veces me es ya difícil sostener. No es que no te quiera, te quiero aún sin conocerte todavía, pero... Me quedo sin palabras, querido. No puedo asegurar que no vuelva a intentar encontrar la primavera, pero sé que algún día aprenderé. Podría decirte:

-Cógeme la mano y detenme -pero... quizás hasta comprenda que ni eso harías por mí.

Por favor, si cambio el rumbo, perdóname.

La triste dama del invierno

miércoles, septiembre 02, 2015

Carta XXVII (A tu llamado)

Querido:

Te escribo, de nuevo, en el horizonte estival del otoño. Escribo... una verdadera bazofia, lo sé, pero la calidad se torna en un detalle sin importancia cuando se trata de buscarte. Solo me conformo con guardar la calidad y la fidelidad de mi corazón y guardarlo solo para ti. Guardarme... Dios me permita llegar solo hasta ti.

¿Cómo puedo llegar a ti? ¿Cómo conocerte? ¿Lo hice alguna vez? Quizás, los pentagramas del cielo me lleven hasta ti. Si estás allí, quizás, la muerte me enseñe el camino que me lleve hasta ti ¿Hay esperanza para nosotros? Solo veo un tumulto de gente que no me ve o, quizás, sea solo a ratos. Pero... esta noche, aunque el perro de la soledad me pisa las rodillas y vigilará el cabezal de mi cama, como magia, esta canción llega hasta mí. Y no puedo más que robársela a Geri Halliwell para que la bailes junto a mí. Querido, baila allá donde estés, porque yo siempre... te estoy llamando.




Tuya,

                                                                           Felicity Nmc/Esther

Y que resuene en todo el mundo que te sigo buscando y que jamás me cansaré.

sábado, agosto 22, 2015

Carta XXVI (¿Cenicienta?)

Querido:

Aquí me tienes otra vez. Nunca dejaré de escribirte, aunque puede que no te conozca y, aun si dejara de hacerlo, estate seguro de que siempre te llevaré junto a mí, pues, es la ÚNICA FORMA QUE CONOZCO DE AMARTE. ¿Cómo puedo no sentir esos labios y ser capaz de soportarlo? ¿Cómo puedo...? No lo sé, quizás, sean mis ganas de bailar ese vals las que me mantienen despierta, aunque la amenaza de la nieve en mis pupilas y la sequía en el torrente de mi corazón estén siempre presentes.

Alguna vez, me pareció escuchar entre los susurros del aire, que CUANDO EL AMOR ES VERDADERO SE ESTÁ DISPUESTO HACER CUALQUIER SACRIFICIO ¿Qué prueba mejor quieres? Pasan los días, los meses, los años y aun así, estoy dispuesta a esperarte, aunque pierda la vida en el camino.

Pero... no venía exactamente a esto, sino a darte las gracias, sí, las gracias ¿Por qué? Por permitirme ser tu Cenicienta de noche, por permitirme haber sentido tu presencia etérea, aunque no fuera más que eso, vapor, o,quizás, aire, energía... Quién sabe.

Aquel día en el que la pena me arrastraba y, los recuerdos del corazón silenciaban sus gritos por el vendaval de mi vida (como ayer, como siempre) apareciste... de repente. Tu compromiso decidido se vislumbraba en el aire y me arrastraba como un huracán impío. Allí, en el salón de actos, en el anuncio de nuestro compromiso, con las pocas fuerzas que me quedaban, sabía que debía acabar con aquello ¿Cómo era posible que aun en la distancia que nos separaba, quisieras casarte conmigo? Y ahí, estabas tú, sentado en la fila de delante de las butacas, sin ni siquiera un sitio libre a tu lado (y creo que aunque lo hubiera, el peso de la distancia me impediría sentarme allí). Confianza ¿dónde estaba la confianza? ¿El primer beso? Debía parar eso. Debía.

Al salir del salón de actos decidí jugar al despiste, pero a última hora, me vestí de adulta para poder enfrentarme. Retraída por aquella falta de familiaridad con el grupo, la torpeza y mi fantasma de invisibilidad vinieron a buscarme. Aun así, me llamaste para que te acompañara a la entrada del hotel.

Frente al hall de ascensores, me enseñaste tu antebrazo, que temblaba como el más feliz de los novios. Linda contradicción.

-Estoy muy nervioso -admitiste -, ¿Puedes llevarme esto? -Me pasaste un abanico y juntos nos metimos en el ascensor. Él era el tribunal, el atrio donde debía poner un final a todo esto. No podía fallar.

-¿Por qué te quieres casar conmigo? -te pregunté sin ninguna esperanza de que me tuvieras en consideración.

Lentamente, te quitaste los auriculares y me contestaste, sí, ¡me contestaste!

Allí, entre dientes, en el sabor grisáceo de... a saber qué planta, musité:

-Pero... ¡Si ni siquiera nos hemos besado!

Aun así, sentí que ya te empezaba a querer, quizás, PORQUE ERAS EL ÚNICO QUE MOSTRABA LA FIRME DETERMINACIÓN DE QUEDARTE A MI LADO.

No sé por qué me despertaste de ese vals. Quizás fue tu divino nervio que no te dejó respirar. Debería odiarte y sin embargo, te busco; todas las noches salgo a hurtadillas, recupero el zapatito donde registré las últimas líneas de nuestra historia y deseo que vuelvas otra vez para poderla continuar. Si solo puedes ser un sueño ¡tómenme sueños! Quiero sentir la lluvia de tu beso con sus arenas y su piel. Bésame, devórame hasta agotar todas las albas.

Esta noche no será la excepción, cerraré los ojos y esperaré encontrarte ¿Acaso crees que voy a faltar a mi cita? Si este es el precio que estás dispuesto a poner, estoy dispuesta a pagarlo, aunque el producto no fuera, exactamente, lo que más hubiera querido.

Un beso. Siempre tuya,

                                                                                       
                                                                      Felicity Nmc/ Esther




miércoles, agosto 05, 2015

Carta XXV

Querido:

No recuerdo cuando fue el último mes en el que te escribí, pero tu silencio me pesaba como las piedras y me acribillaba el corazón. Nuestra realidad es tan compleja que jamás supe si, realmente, te encontré. Tal vez, me confundiste y me hiciste creer en algún espejismo de pantalla  (¿no es lo que se lleva?). Quizás, andabas por el cielo y te aburrías de observarme desde las estrellas, desde nuestra distancia sempiterna y, tuviste que enviarme algún "despojo humano" que me confesara su atracción, me llenara de sorpresa y que como colofón final, borrara la historia con una fingida dosis de alzheimer y kilómetros de adiós. Fuiste malo, muy malo, pero sé que algún día, donde nos encontremos, sabré perdonarte, porque el VERDADERO AMOR TODO LO VENCE y se supone que yo estoy escribiendo a mi VERDADERO AMOR, ¿no?

Me pregunto por qué no pude dar mi teléfono aquel día en la playa y cómo lo recluyo de cualquier persona que me lo pida y que no conozco demasiado bien, Cómo nunca he enviado cartas personales a nadie, cómo... y sin embargo, con él lo hice, a pesar de los pocos datos que de él tenía. Le invité a mi Casalibro, que ahora tiene como tejado la piscina de mi lugar favorito, y le sonreí en cuanto me saludó. Me pregunto qué extraña magia me llevó a hacer todo aquello que jamás había hecho. Los argumentos coherentes se escapan de mi mente y el absurdo me grita su vergüenza. Puede, querido, que me equivocara una vez más, y si tú me lo enviaste ¿te divertiste? ¡Dime!

Querido, no sé hasta cuánto puede durar este juego, pero me tienes como una vieja de 80 años ¿Era así cómo querías verme? ¿Enferma? ¿Curva? ¿Apática? Acaso, ¿quieres que muera? Quizás, me ames tanto que desees llevarme hasta las estrellas y esta forma de tratar de asesinarme, sea el mejor camino que conozcas para que estemos juntos.

Yo, no sé hacer otra cosa que esperarte al compás de las estrellas, dejar pasar el tranvía de la vida y cenar el chal de tu abrazo, aquel que he imaginado tantas veces. Solo queda encender la bengala de los deseos (aunque a veces, he temido que ellos, también, quieran abandonarme).

Querido, TE ESPERARÉ, aunque tenga que subir a las estrellas para poder rescatarte. Entonces, me contarás cuál es el sabor de los besos (en el Universo ¿serán gélidos o conservarán un leve aroma de frutas?) ¡Oh! Tengo tantas preguntas que podrían ser silencio...

Hubiera preferido que hubiéramos podido caminar juntos y no cargar con esta vida térrena que me obligó a separme de ti. Ojalá, no te escondas, ni siquiera tras la conífera de las estrellas y vengas ahora mismo aquí, a darme un beso. Pero... si he de caminar con mi tristeza solitaria, lo haré. Todo sea por saber encontrarte porque ESTOY SEGURA DE QUE NUESTRO AMOR NO NECESITARÁ LA VIDA PARA SEGUIR VIVIENDO. LO HARÁ MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS.

miércoles, junio 03, 2015

Carta XXIV (Capricho)

Ya está. Te lo advertí: te dije que si no aparecías continuaría escribiéndote; creí que lo habías entendido. Así que aquí me tienes, que aunque peque de pesada, no me importa porque, a ver si te enteras, pueden pasar 1000 años, que nunca me cansaré de escribirte, porque... a día de hoy, ESCRIBIRTE ES LA ÚNICA FORMA QUE CONOZCO DE AMARTE. Así que aunque, mis muñecas artrósicas trataran de enmundecerme las manos, aunque los dedos permanecieran rígidos como palos o aunque me faltaran los brazos, no te preocupes que continuaría fiel a mi cita, a no ser que pongas remedio con un beso.

Aquí me tienes, vestida con pijama de invierno en pleno junio, mientras la penumbra se me pega al cuerpo, invitándome a dormir en una nana de sueños, sueños que espero que me lleven hasta ti, aunque qué mejor sería un camino que un sueño, para poder sentir en la distancia, en el contacto, el pantanoso tacto de tu piel.

Querido, hoy me levanté con un propósito claramente caprichoso: quería escuchar el oro entre mis manos, pero me di cuenta de una cosa: no podía hacerlo sin ti. Querido ¿cómo crees que puedo coleccionar así los latidos de tu pecho? Quiero apoyar en él la cabeza y sentir el "¡Pum, pum! ¡Pum, pum!" cada vez que me sientas encima, debajo o bien cerca. Y ¿qué tal si le añadimos tu respiración plácida? El collar quedaría genial. Querido, pero... ¿acaso pretendes que me invente esta sinfonía dentro de la cabeza? ¿Cómo puedes pretender que cree eso de la nada? Vale, vale, continuaré creando luces y luciérnagas, lunas y estrellas fugaces dentro de mi habitación, si es que tú te empeñas, pero podría hacerlo mucho mejor, mucho mejor, si tú quisieras.  Todo sea con tal de seguir ejerciendo este noble oficio que es seguir amándote y ofreciéndote el corazón.

                                          La Justiciera del Amor/Felicity Nmc/ Esther

P.D: cuéntame cómo te ha ido, escríbeme, háblame, desde el borboteo suave de un sueño, desde la tierra mismo o desde un helicóptero, es igual. Cuéntame, si es que eres capaz.

miércoles, mayo 20, 2015

Carta XXIII (Tiempo)

Querido:

¿Cómo te encuentras? Si estás, si eres, si alguna vez fuíste.

Querido, te escribo con un año más sobre mis espaldas. Algo me dijo que era un número especial como aquel nueve de corazones que encontré en la carretera. Quizás, quise creerlo... Necesitaba creerlo, como muchas cosas que, en el fondo, todos necesitamos creer, especialmente, las almas solitarias como yo, los invisibles, los olvidados...

Cómo me gustaría creer en el amor y, aún, tontamente, aunque sepa de sus mentiras que se esconden tras los cristales, a veces, disfrazadas de alegría, aunque me aborrezca, aunque trate de quitarme los  cuchillos del estómago que tantas veces me clavaron, a veces, creo ver su estrella fugaz. Extiendo la mano, pero ella parece no ser para mí. A veces, creí tocarla con la punta de los dedos, pero cuando quise tenerla en mi cercanía, solo creó una defectuosa cacofonía que se hundió con el tiempo, PORQUE LA MENTIRA ABUNDA, LA MENTIRA ABUNDA...

Tiempo, quiero que pare el tiempo, pero el tiempo nunca deja de crecer y la distancia... Ya no quiero contar los días. Por favor,  inventen un cigarrillo en el que no solo pueda drogarme a ratos con mensajes de irrealidad. Sueños, describo sueños... es lo único que no me pueden ya quitar. Pero... los sueños no sacian, no sacian, solo son nanas que me arropan por las noches, pero son invisibles y sus tactos no se agitan en la piel.

Tic-tac, tic-tac, quiero que pare el tiempo, si ello supone no tenerte junto a mí. El tiempo duele y me raja la garganta. Podrás decir: "No parece que estés tan mal,te veo sonreír". ¿Qué opción tengo? Puedo sonreír con gente, pero no serán sonrisas del corazón o quizás solo sean un lucero minúsculo en un ámbito dominado de la oscuridad; las lágrimas también se cansan de crecer, de crecer o quizás, las expulse con mi llanto interior o de otra forma. SE ME OCURRE QUE DEBEN HABER MUCHAS FORMAS DE LLORAR.

Olvídeme, mundo. Yo no necesito su compasión: SOLO UN CORAZÓN DONDE QUEDARME A DORMIR MÁS QUE EN UN CUARTO DE ESTACIÓN.

Y, sí, querido, aquí me tendrás escribiéndote hasta la saciedad miles de repeticiones sin control que el tiempo me obligará a repetir pues, tu ausencia me repite en el estómago, y en cada uno de mis días.

El calendario en la cocina, en el ordenador, en el móvil, me informan de las páginas de 24 horas que pasan, sin que tú des señales de vida y yo... que ya no las quiero pensar, SI ELLO SUPONE ESTAR SIEMPRE SIN TI.

La Justiciera del Amor/ Felicity Nmc/ Esther/ Estefani, Elisabeth... (como quieras).

P.D: Soy cansina, aburrida, lo que quieras... pero no me importa porque hay algo de lo que nunca me cansaré: DE RECLAMAR EL SABOR DE TUS BESOS. 

viernes, mayo 01, 2015

Carta XXII

Querido:

 Vengo de un mundo perdido donde los marineros me ofrecieron migajas a cambio de un poco de faena. Caía la noche y el desierto me pegaba el aliento sobre mi espalda. No importaba. Debía estar contenta con esos marineros que me prometen unos cuantos euros de felicidad, sí. Un futuro en el que mejor no pensar y sus desdoblados dientes que espero que no me engañaran con sus promesas porque EL MUNDO ES UNA METIRA.

 Me encantaría hacerte partícipe de mis aventuras corrientes, soporíferas, pero llenas de color rojo vivo, pero... simplemente, no puedo. No vale la pena. Desconectada del mundo y de tu silencio incoloro ¿Qué se supone que más podría hacer?

 Y allí me perdí, en el sofá del descanso. Ver las notas de las horas pasar como el éxtasis de una droga, una droga que, por suerte no consumo. Y tratar de barrer... barrer...

Allí, en el salón, frente a mi figura mortecina, apareció Bridget Jones, Bridget Jones que perdió a su pareja, pero luego...

Un lago. Un espejo que quizás imaginé. Y esa sensación de que ya no supe lo que viví. ¿Te ha pasado alguna vez? Dime ¿Te ha pasado?

Terminó la película y los restos de moribunda lluvia rodaron por mi piel. No me preguntes por qué, pero así fue. Entonces, cogí un móvil y ella me preguntó : "Cuéntame, cómo te fue". Llevaba las alas de un ángel y un tatuaje invisible que decía "Siempre estaré contigo". La lluvia se mezcló con el sol y así, mostraron su contraste.

 Bridget Jones dijo:

 - Se puede tener 33 años, el culo como dos balones de fútbol y ser feliz.

 Quise creerla. Su perfume de Lacome era realmente exquisito. Pero de repente, me dije:

- LO QUE SUCEDE EN LAS PELÍCULAS SOLO EXISTE EN LAS PELÍCULAS.

 Querido, dejo ya de construirte estos peldaños de decadencia, solo por hoy. Aquí esperaré la noche próxima donde el día se confunde con la noche y la noche con el día. La que no te espera y a veces, sí.

 Felicity Nmc/Esther/ Justiciera del amor/ Elisabeth/ Estefani... como quieras.

jueves, marzo 26, 2015

Carta XXI (Petición)

Querido:

Entre aviones que eclosionan, banderas de hipocresías y lunas que la gente cree ocultar, estoy yo. No es el lugar más deseable para vivir ¿verdad? Sin embargo, EL NACIMIENTO NO ENTIENDE DE LUGARES, ÉPOCAS, NI NADA QUE SE LE PAREZCA. El nacimiento, respira libertad. ¿Qué culpa tengo yo de tener esta edad? ¿De ir acumulando lustros tras mi espalda? ¿Crees que no me duele la sed del corazón? Un corazón que quiere amar. Un corazón que nunca será besado. El beso... debe de tener una fragancia exquisita. Debe de ser como el vals de los delfines, aunque no se sienta, aunque no se note; el beso... ¡el beso! Qué más quisiera yo encontrarlo en mi ventana y llevármelo en un colgante del corazón: el beso... ¡el beso! Tan rojo como exquisito... Inmaterial y material. Un amor con pareja de baile que llevar en el pecho. Como será ¿cómo será? Y sin embargo, hay personas que poseen un beso, que puede susurrarle por las noches nanas de respiración, acompañarles a aventuras de carretera, de eclipses o, por qué no ¡de cazuelas! Y sin embargo, no saben apreciarlo. Mataría por tener un beso así, donde los latidos se asfixian por el monóxido del amor, AMOR VERDADERO, donde los cabellos se peinan el uno al otro y ¡las palmas! y... la danza de los delfines, digo... de las almas, aún sumidas en el monólogo de la costumbre. ¿Cómo será?

Sin embargo, solo puedo estar aquí, en este albergue social, con un montón de nubes por pensamientos confusos y la firme determinación de no querer pensar para que no duela... para no llorar todo aquello que me negó el Universo. Y callo, aunque lo sepa todo. Callo todo lo que podría contar ¿acaso, me creería tu voz? Tu voz... ¿dónde está? Miles de veces creí escucharte tras espejos encantados, hasta descubrí que solo se reían de mí. ¿Loca? ¿Me llamarían loca? Yo solo fui una mujer que una vez quiso amar y creer que aquello que decían los demás era verdad.

Ojos... Bajo el rímel derretido, yo te maldigo y... ¡te espero! Bajo la noche del día, espero tu lámpara, para que me ilumine ¡ilumine! y te saque de tu ceguera. Por favor, ven a buscarme: sácame de este dolor, de las risas ilusorias, de las espadas que atraviesan la piel. Llévame afuera a ver primaveras; bajo medialunas ojerosas yo me escondo y lluvia y ¡rayos! ¿Estoy enferma? Sí, estoy enferma, de las guerras abiertas, de presentir el mañana, de las noches sin sol. Estoy enferma... de todo... y de este lugar mortecino en el que no puedo oír tu voz.

He aquí otra de mis peticiones, mientras ni siquiera soy capaz de abrir un mísero correo. Estoy aquí, creando nubes y pidiéndote, de nuevo, que me vengas a buscar. Desgárrame la espada de mi espalda, sácame las balas y bórrame las cicatrices. SOLO este simple ruego. Por favor, ¿es tanto pedir?

La que te maldice y te quiere, te maldice y te quiere, tal vez sin conocerte, pero deseando conocerte en un anhelo rosa que estremece la piel y las raíces del cabello y ¡el laberinto del cerebro! Sí... LA QUE TE MALDICE, PERO TE QUIERE.

La Justiciera del Amor /Esther

martes, marzo 10, 2015

Carta XX

Querido:

Hoy estuve preguntándome por qué las ratas se empeñan en esconderse cuando sabe el mundo que ellas existen. Ratas como tú. Para qué ocultar los pecados. Para qué empeñarse en enterrar lo que todo el mundo conoce. Sí, muchas veces, me he preguntado eso y como siempre...

Y... de nuevo, vienen los árboles de la sospecha que me aterrorizan por las noches y pesan en mi estómago. Por favor, ven, abrázame y dime que son mentiras, una vez más, que... no tengo nada que temer. Tengo miedo de... oír palabras en mis sueños, de vivir en un mundo de mentiras e hipocresías, de teñirme del rojo de un infarto porque yo...SOY VERDAD; las muñecas mudas no cuentan mentiras porque permanezcan quietas. Las muñecas mudas no actúan en obras de su vida que al fin y al cabo, son solo teatro. Yo soy amor y quiero amor.

Querido ¿dónde estás? ¿Pueden dos almas desconocidas ser inmensamente conocidas? Y yo... que no quiero morir de amor y vivo en una ciudad con cierto historial de suicidios; qué irónico. Unos mueren de amor y otros, solo se dedican a matar.

La rosa, la rosa de la que hablé murió. Sus pétalos ennegrecidos parecían querer acariciar mi rostro y por un momento, quise sentir su tacto ennegrecido sobre mi piel.

Y aquí me hallo, en lo alto de esta torre invisible, donde alguna veces traté de decir un adiós (deseado,pero sobre todo indeseado; es cierto) y me alegré cuando tus labios dijeron: "no te diré adiós" , pero... los cerrojos están echados, las puertas mudas y muy pocas veces, me parece oír voces y, es entonces, cuando me pregunto si vendrán a ponerme un zapatito de cristal o, simplemente, abrirán la puerta para dejar que bailen mis pelos de loca con la rama de los árboles y de la soledad. Y aun así, en ocasiones me siento sola: cuando escribo en mi libreta un millón de puntos suspensivos ¿Cómo se puede interpretar una boca que dice "sí", pero que luego dice "no"? Gran misterio como tantos otros que... mi desordenada cabeza nunca supo aprender, PERO ME GUSTARÍA QUE MI CORAZÓN NO MURIERA, NO MURIERA, porque... crueles falsedades pueden matarlo.

Querido, demando una respuesta que sé que contestará el viento porque ya, apenas puedo oír tu voz.

La Justiciera del Amor/Felicity Nmc/ Esther



sábado, febrero 14, 2015

Carta XIX (San Valentín).

Querido:

Te escribo a estas horas de la noche porque pensé en no hacerlo, pero... ya ves... ¿No se supone que es tradición pensarse? ¿Crear danzas bajo la lluvia y canciones de "te quieros"? Lo cierto, es que nada de esas cosas serán para mí. Lo sé. Y me pregunto cómo serán esos olores, esos tactos, esos sabores: si serán húmedos como la lluvia o ardientes como el sol, quizás ambos; si clavarán sus uñas en el corazón, si, si... Solo puedo preguntar pues, nunca obtendré respuestas. Solo me podrán contar y sentarme en las gradas, mientras veo como otros bailan bajo la lluvia, como saltan... TODO LO QUE QUISE HACER YO...

Pensé en no escribirte ¿por qué? Porque ya no me quedan palabras, ni sangre en las venas, ni gotas de pensamiento. Solo tengo un pañuelo podrido en la garganta que me ahoga y no me deja hablar, el olor de la putrefacción meciéndose en la carne y un montón de recuerdos de basura. Sí, no puedo ofrecer primaveras porque en mi mente solo habita el invierno. No puedo escribirte palabras porque son como el hálito tuberculoso que se difumina en el aire porque no sirven de nada ¿qué puedo hacer? Repetirte las mimas figuras geométricas, buscar la manera de que me escuches, pero como me dijo alguien HAY VECES EN QUE NADA SIRVE DE NADA y aunque, lo intentara no lo escucharías.

Supongo que... tal vez, andas demasiado ocupado, brincando por los senderos del mundo, lanzando besos ahí donde no estoy. Supongo que para algunos es fácil, coger el coche, echar al perro y no volver la vista atrás. Debe de ser, sí, como ese instante perruno cuando uno, ve atónito el coche marchar y, entonces, el frío inclemente, aunque pudiera ser verano, le acribilla las entrañas y le parte el alma. Aprendí que las cosas deben de ser así y aún no logro encajar las cortinas en las ventanas porque el invierno me parece demasiado duro y me golpea los dedos y... me duele todo.

Bueno... si es que no te puedo escribir otra cosa: ya busqué las palabras en mi mente, pero hoy estaba demasiado oscura, créeme y llena de gusanos. Por lo menos, espero que te haya resultado original, allá por donde estés.

Aquí me quedo, mientras bebo las copas de tu ausencia, una noche más de mil lunas.

¡A tu Salud!

                      La Justiciera del Amor/Especialista en abandonos civiles

jueves, enero 29, 2015

Carta XVIII

Querido:

Si no fuera por el encabezado de estas cartas ya no llevaría la cuenta de cuántas llevo escribiéndote y, aunque tú ya conozcas demasiado bien el ruido que me produce tu ausencia, aun así, no puedo dejar de escribirte porque ESCRIBIRTE ES LA ÚNICA FORMA QUE TENGO DE AMARTE y sustituir el tacto de tu piel. Sería repetirte la misma historia, recordándote que ya no estás. Quién iba a decirme que cuando miraba aquellas farolas en la autopista y soñaba con tu amor, realmente terminaría SOLA y es que desde niña empecé a amarte. Desde niña traté de conocerte.

Todas las mañanas me cuelo en por el parque. Voy al edificio BUROCRÁTICO y me hago esclava del sistema. Quizás es una forma de re-olvidarte. Quizás, es mi forma de calmar la ira, la oscuridad y los restos de putrefacción que invaden mi cuerpo. Fíjate que ya no puedo ni ser donante, fíjate: quizás mi tensión quiso dormir y entender QUE DORMIR ES LO MÁS CERCA QUE PUEDO ESTAR DEL CIELO pues, dormir vacía las maletas de la cabeza, dormir calla la realidad, esta realidad oscura, ilógica y cáustica. Y mientras me siento sola: llena de patanes, viles timadores del corazón y personas que pretenden ser mi jefe. El abrigo negro roza las ramas de látigo; pretenden rasgar el vacío y matar mi corazón. Me dijeron que si no te asomabas. quizás este camino debería recorrerlo sola y que mi misión sería aún mucho más noble, pero... ¿de verdad, me vas a dejar sola? Las eternas preguntas en la cabeza. Qué hice yo para merecer esto? Las eternas preguntas que solo quieren ser música desatendida porque escucharlas con atención ya duele demasiado. Recuerdos de demonios que pasaron y te preguntas CÓMO PUEDEN SER ASÍ, CÓMO PUEDES SER ASÍ. Seguiré llorando tras las esquinas y no me verás porque, en el fondo soy una mujer débil y fuerte. Las mismas púas acuosas atravesando las piezas del alma y no te importará. Soy una muñeca vacía que sonríe en el estante: soy una muñeca vacía y rellena de lluvia. Y creo ver un girasol en cualquier sonrisa ajena: creo verlo. Serán las ganas de verte. De todas formas, no me culpes: al fin y al cabo, no me dejaste otro remedio que una desorientación mental, realmente cruel, aunque lo peor es el frío que llega especialmente por las noches. ¿Por qué? Porque... simplemente, necesito caminar y, encontrar un lugar donde tratar de enterrar tu ausencia. No me culpes pues, tú lo quisiste así. ¿Dónde podría encontrarte? ¿En los pentagramas del cielo? Es imposible subir en la oscuridad. Demasiado largo el camino para escribir un invierno de eternidad.

¿Me recuerdas, querido, mientras miraba las farolas de aquella autopista? Aún, puede que sin conocerte, soñé contigo. ¿Acaso, te crees que prefiero estar sola? ¡Qué gran estupidez! Por eso, te ruego, querido, aparece: no me dejes en medio de este mundo de patanes que nunca supieron amar.

lunes, enero 05, 2015

Carta XVI (Año Nuevo).

Querido:

¿Qué más podría decirte? Tú, de sobra debes de conocer mis gritos; que te busco en la madrugada y ocupas el baúl de mis sueños. Ni siquiera sé si te observé mientras duermes, pero quisiera poder haberlo hecho; no me queda más que mirar a las estrellas, TU ESTRELLA, y preguntarme si algún día ellas pueden bajar.

Un día, creí escuchar tu luz celestial, en realidad, en varias ocasiones. Me dijiste que eras una estrella vieja, sin embargo, no lo creí: tu alma rebosa vida y huele a pintura y a sal y a sueños... Yo no entiendo de la edad de las estrellas. Nunca lo entendí. SÉ QUE DOS ESTRELLAS BRILLAN MÁS QUE UNA; SOLO SÉ ESO.

A veces, rasgo las paredes y escribo canciones estúpidas, pensando donde estás. Pienso en las veces en que me metieron en el tunel y en que no me gustaría volver allí otra vez. Pero... difícil es tener que cumplir siempre con el papel de toalla en el baño. Nunca me gustó ser toalla o cualquier otro utensilio que se rasga y, después, cae por los desagües del tiempo. ¿Dónde estás hechicero? Es imposible que nadie me esté viendo en las paredes de este hospital. Y a veces, creo enfermar. LAS VELAS APAGADAS ANUNCIAN LA MUERTE DE VIDA, ANUNCIAN MUERTE, pero luego, mi fortaleza heredada me hace renacer, otra vez... y quizás, esa fortaleza sea mi tortura porque es una agonía que se alarga a lo largo de los siglos.

Cógeme, de la mano, y permite que cante canciones para ti. Compongamos juntos estas notas de vals ¿Me permites? SÁCAME A DANZAR CON EL ALMA, QUE YO TE SACO CON LA MÍA.

Y aquí estoy un año más... sin ti... pero deseándote cada día y no, no pienses que porque cambien las cifras de los años me voy a cansar de escribirte porque al fin y al cabo, ESCRIBIRTE ES LA ÚNICA MANERA QUE CONOZCO DE AMARTE Y AMARTE ES MI MÁS PRECIADA META, MI PLACER, MI VICIO Y MI PROFESIÓN.

TÚ NO APAREZCAS, PERO ME TEMO QUE SE TE VAN ACUMULANDO LAS CARTAS...

                                   La Justiciera del amor, tuya, por siempre.



martes, diciembre 23, 2014

Carta XVI (Navidad).

Querido:

¿En qué punto del mundo podría escuchar tu voz? ¿En la playa? ¿En un alcantilado? ¿En los besos de la tierra? Porque eso es lo que me hace falta: quiero la voz de tus besos.

Desde hace semanas oigo la Navidad ¿Oíste sus notas en el tintineo de los comercios?
¿En el árbol de Navidad? ¿En el villancinco ahogado por las charcas de la modernidad? TU AUSENCIA, TU AUSENCIA...

Hoy salí como niña traviesa. Imagino que desde algún lugar del cielo, observarías esa acción oculta y me deshice de todos esos dulces y ¡los mandé al infierno! Y si no me viste ¿al menos me sentirías? Poséeme en el bullicioso silencio de un pensamiento. ¡Poséeme en un pensamiento, por favor!

Querido, he de decirte que gracias a ti, me canso de la Navidad. Nunca estás cuando yo estoy; ni me sientes cuando duele. ¿O acaso sí que estás? Rara vez hay montañas donde los silencios se pronuncian demasiado. Debe de ser imposible ¿sabes de eso?

Y mientras tanto, pienso que me encantaría sentirte en el viento de las olas de mi pelo, sentirte y darme cuenta de ello, PORQUE PARECE QUE ESO ES LO ÚNICO QUE PUEDO TENER.

Incapaz, incapaz soy de decir "Feliz Navidad", esta noche. No poder pronunciártelo duele demasiado y más no poder oírlo de tu propia voz. SER DE NOCHE DEBERÍA SER ALGO A LO QUE ACOSTUMBRARME, que me vistan de noche, incluso en mis propios cumpleaños. Y las palabras, las palabras de FELIZ NAVIDAD están demasiado usadas, demasiado... No las usaré esta noche, pero a ti, querido, sí que te las desearé de corazón porque SI ERES TÚ, SÉ QUE NO ME ABANDONARÁS, TÚ, NO.

Ojalá pudiera darte ya esta carta traducida en besos de caricias y presencias y más allá aún, en forma de peines de dedos entrelazados entre los tuyos para decirte que, una vez que nos veamos JAMÁS TE SOLTARÉ. Y aunque pudiera escribir miles de silencios, es la única forma que conozco de decir: "Te amo, te amo DE VERDAD". Porque miles de palabras pueden volar por el cielo, mas su música la tapan los segundos. Querido, si tú me dejaras...

De momento, solo me queda desear que pase rápido la Navidad. Hundirme bajo un letargo compartido con terribles trozos de realidad.

Tu querida, vestida de noche que,  hoy, ahora, PUEDE QUE QUIZÁS SOLO ESTA NOCHE, aun tiene algo de fuerzas para, aun así, aun con el pago de tu silencio, ESCRIBIR "FELIZ NAVIDAD" EN TU CORAZÓN.

                                                          La justiciera del amor, Dama de noche.


lunes, diciembre 08, 2014

Carta XV (Perdóname).

Querido:

A veces, he creído sentirte en el infinito de este mar cibernético. Aquí me hallo de nuevo, viendo pasar las horas muertas, aunque haga miles de cosas, aunque el humo de las paredes me acose y me haga sentir obligada a cumplir mis compromisos. Una nube de dispersión me lleva a PENSAR EN TI, aunque ni siquiera tenga tu imagen. EL ASPECTO DE LOS CUADROS YA NO IMPORTA, SINO EL SONIDO DE SU VOZ. Y aunque tus CASCADAS SE MUESTREN DORMIDAS, creo intuir la melodía de una hermosa canción ¿podría ser italiana? Ya no lo sé. No sé qué lenguaje tienen las notas del alma. Solo deben de intuirse como los suaves ríos de esperanza.

Ojalá te hubiera conocido. Me hallo entre estas cuatro paredes, puede que escuchando lo que me quieren decir, pero a veces siento el deseo de volar. Quedarse sobre el tronco de tu árbol debe de ser una bonita idea para sentir cómo sube y baja tu respiración o quizás, solo SENTIRTE CERCA Y CERCA Y MÁS CERCA, y sentirte cerca se podría lograr de varias maneras. Pero... querido,sé que para llegar a ti tendría que superar otro tipo de guerra: el General, me dice que cuando esté preparada debo llamarte al teléfono para darte un aviso. Qué terrible me resulta esto. NUNCA FUI VALIENTE PARA LLEVAR A CABO ESTA GUERRA. Mi discapacidad para emitir señales sonoras nunca la logré superar. Esos Generales nunca lo entendieron; el mundo no entiende esta disfunción, pero mándame señales de humo y te responderé. Sería bonito poder escuchar tu voz pues, ya solo oír tu presencia sería una bonita canción.

Y por lo que me resta, querido, solo me queda mandarte señales defectuosas de humo, allá donde estés.

Tu querida, que te quiere,

                                                   LA JUSTICIERA DEL AMOR.

lunes, diciembre 01, 2014

Carta XIV.


Burgos nevado. Fuente de imagen: http://unapalabraunmundo.mforos.com/1985795/10943643-ciudades/

Querido:

Diciembre. Diciembre ya y esta es la decimocuarta carta que te escribo. ¿Cuántas cartas habré de escribirte? ¿Cuántos montones de hojas tendré que dejar que piene el viento? Hojas sin dueño, aunque me encantaría que tuvieran uno. Y es que... esta es la única manera que conozco de contactarte. Y es que... esta es la única manera que conozco de contarte. Porque los ojos no quieren hablar, porque ya nadie estaría dispuesto a compartir conmigo. Porque no sé cómo atajar el silencio de tu ausencia y porque... lamentablemente, ya no puedo escuchar tu voz. Que me miren los espejos el alma. Que me la miren para buscar lo que tengo dentro, para poder definirlo y convertirlo en figura. ¡Que la miren! Pues, no quiero perecer sin un previo examen médico, sin un examen de amor. Pero querido, es tal la soledad que siento, que quiero gritar. Esta bomba que brota dentro de mí y el bullicioso silencio. Ya no puedo más. Me perdí en una carretera en medio de una autopista. Demasiadas señales engañosas. Dime que tú no serás ninguna de ellas. Dime qué tengo que hacer para contactarte y que no me dejen marchar. Tatuajes de guerra tengo en todo el cuerpo; a veces, siento que cada nuevo tatuaje duele más, una nueva opresión se siente en el pecho: el sentirse algo momentáneo que nunca escribieron en una luna de color. Mírame por la ventana, por favor, mírame en tu mar cada noche, cuando te vayas a dormir. Mírame y me encontrarás. Tócame con tu arpa las cuerdas de mi corazón. Estoy cansada, muy cansada y a veces, me siento morir.

Querido... ¡diciembre! ¿Qué me espera esta Navidad? Yo las amaba. Ahora no quiero que lleguen. Por favor, ¡diciembre, párate! Otra Navidad sin ti. No aguanto ya, acudir a los buzones del viento: no soporto tirar otra lágrima buscándote. Quizás ni siquiera los Reyes Magos me escuchen. Los Reyes Magos... Papá Noel es solo para los niños y... entonces, ¿dónde quedo yo?

Y a pesar de decir que nunca más soñaría, jugaré a crear miserables sueños electrónicos, porque al fin y al cabo, es lo único que tengo. Dibujar estelas de color. Indignarme ante las miserias de amor de otros y compartir penas: es lo único que me queda.

Allá donde estés te mando el canto de mi alma. Meterme bajo las sábanas y jugar con barcos de papel que te traerán conmigo una y otra vez.

Con un beso doliente, se despide, Esther/ Elisabeth/ Estefani/ Felicity... en fin, la chica de los múltiples nombres, poseedora de todos, menos del suyo propio. Y de nuevo, esperaré que no me sorprenda la madrugada, con los ojos abiertos, como cada ayer, como cada nuevo día, EN QUE YA NO ESTÁS.

                                               La Justiciera del amor (si queremos simplificar)

miércoles, noviembre 26, 2014

Carta XIII.

Querido:

Hoy me hallaba en la ladera del río, pensando en ti. Puede que te conociera alguna vez; puede que no, pero... ¿ves lo que nos hace el amor? Como dos transeúntes perdidos. Como dos luciérnagas en la noche. Tú, mi estrella.

Miré las estrellas y me pregunté qué estarías haciendo. A veces, lo hago y te imagino en la soledad de un apartamento: quizás, estudiando; quizás, frente a un portátil o cocinando a altas horas de la madrugada. Puede que alguna vez te venza el insomnio, aunque exista la posibilidad de que no me conozcas. Miro al cielo y pienso en todas esas cosas y en la voz que oí en alguna ocasión por teléfono y en las letras que sentía, aunque no las oyera. Rememoro todas aquellas cosas caminan hacia la lejanía, pero no por ella misma, sino por alguna de las personas implicadas en la historia. Escucho la frase de NADA ES PARA SIEMPRE, que muchas personas creen como una cita sagrada, pero lo cierto es que es mentira pues, ejemplos hallo en mi cercanía de valses infinitos de amor. Un cuento de príncipes y salvados no tiene final si ambas personas no escriben un final, si ambos gozan caminando en una misma dirección. ¿Podrías hacer tú eso? Supongo que sí, sino no te estaría escribiendo esta carta y, sin duda, no me gustaría hacer dueño de ellas a alguien que no lo merezca. Dime ¿eres tú?

Rememoro aquello que en cierta forma viví. Recuerdo tus palabras. Tu mote moviéndome los cabellos con el viento y oliendo a fragancias que jamás sabría descifrar y me gustaría que hubieras sido tú, que aquellos fueran resquicios de tu propia voz. Pero la vida sigue. Estos sueños no se conforman con asaltar el cabezal de mi cama y aunque yo trato calmarlos con el frío de noviembre y con las hojas del silencio, tu silencio, que cae sobre mí, me asaltan de forma extraña, en el tiempo y en el lugar más insospechado. Qué pasó; una extraña pregunta que puedes hacerte con cada historia fallida, pero horrible es escribir un "adiós" con la tinta del corazón, más los "adioses" silentes, aquellos en los que simplemente no se dice nada y uno desaparece con la bruma pues, al fin y al cabo, son capítulos en los que no se escribió la palabra "fin". Pero no te atreves a decir esa palabra cortante de cuchillo, aunque otros tengan relativa facilidad para utilizarla, para dejar capítulos inconclusos, para invalidar al verbo. Y tú... me dejas sola con esta novela ¿quieres que escriba yo un final? ¿Por qué me dejas con esta responsabilidad?

Duele lanzar mensajes por carreteras modernas y sentir el espacio vacío de respuesta. Hoy, por hoy, solo me queda lanzar botellas a este lago de código binario y ver si tú estás. Recuerdos... recuerdos que va pisando el mar, pero quedan incrustrados en mi orilla como la gasolina de los barcos. Temo que se conviertan en monstruos, preferiría que se tornaran dulces caramelos. Dime que no vendrán siluetas oscuras a turbar mi sueño. Dime que si no fueran un sueño, alguien me ayudaría a borrarlas. Pero... esas manchas nunca duermen ¿verdad?

Querido, ya me conviene marchar, pero... hoy estuve mirando el cielo y vi tu estrella y la mía. Pensé que las estrellas estaban demasiado solas en el universo y que, sería mejor que se juntasen ¿no crees? Al fin y al cabo, una estrella más otra, siempre darán más luz, a que sí. Piénsalo.

Y aquí desapareceré y solo me quedará esperar que no me coloquen un nuevo engaño, poder oler el sabor de tus labios y LLEGAR DIRECTAMENTE HASTA TI. A ti, siempre a ti.

                                                                           Esther/Felicity Nmc
                                                                           Justiciera del Amor

   

lunes, noviembre 17, 2014

Carta XII. (Perro verde).

Aquí estoy otra vez, condenada a este ritual de inutilidad. Es tu silencio, mi silencio el que me hace acudir de nuevo a ti. Las flores podridas del alma luchan por salir: están cansadas de tanta oscuridad y a falta del agua que soporte sus palabras, no encuentran otra forma de salir. Quizás un nuevo sol las escuche en algún lugar entre los dos polos. Quizás.

La lluvia no tiene color. Quizás ese es el color de las cosas muertas como yo. Podrás cantar bajo la lluvia, pero no necesariamente estar vivo: eso me ha enseñado la lluvia.

No te repetiré la misma pregunta. La que tú ya sabes o te imaginas. Tantas veces la repetí que hasta mi mente se niega a tornarla palabra. Tal vez ya no hacen falta las palabras, solo sentir las cosas en el corazón. Las palabras cantan, pero mueren con el viento; las gargantas desgarradas de las guitarras aumentan sus estancias en el alma. Por desgracia. Por fortuna.

No puedo decir que sea desafortunada. Aunque me queda poco tiempo de esta vida, vivo entre abrazos familiares. Unos padres que unidos para siempre se quedaron: así que asisto día a día al ritual silencioso del amor. No me hagan justificar todas esas infidelidades, toda esa basura del mundo, de los que dicen amar cuando lo único que consiguen es pisotear las alianzas del amor. No traten de justificarlo, quitarle el polvo de mierda que como plagas invade los muebles; miles de asquerosos secretos y gente que pierde su precioso tiempo al lado de engaños. Si en mi casa tuve verdaderos maestros del amor, no me pidan que comparta todo eso; pues, no lo haré. Dicha la mía de vivir en una familia estable donde la melodía silenciosa del amor siempre decora parte del ambiente. No como ella, que decía : "Mi familia es una mierda, es una mierda. Mi madre, por un lado; mi padre, por otro". Qué estampa tan preciosa: tú ¿te imaginas? Acurrucado en el sofá con un niño, compartiendo dibujos animados o tal vez, un puzzle o una canción y yo como privilegiada espectadora. Quizás, participe, quizás. ¿Te ha entrado algo en el ojo? Podría quitártelo o, mejor aún, abrazarte entre las almohadas. ¿Quieres que sea tu almohada? ¿Me das un beso?

Despierto en la realidad. Recuerdos. Unos abuelitos cogiéndose de la mano. Qué extraña estampa. Extraña... la siento tan lejana a mí. Ojalá me equivocara midiendo distancias.

Y dibujo, dibujo otra escena familiar. Ningún niño echa a sus padres de menos. No sé cómo la gente ha podido olvidar el valor de unas aguas tranquilas.

Abuelos. Familias serenas y escasas como el agua de nieve. Y me monto en el tren de la tristeza. Quizás, no pueda formar parte de esos paisajes jamás porque, simplemente, nunca me diste la oportunidad.Queda coger las viandas, echarse el saco al hombro y seguir con la esperanza de aprender a sobrellevar el peso de mentiras, ilusiones estúpidas y desiertos escondidos.

lunes, noviembre 10, 2014

Carta XI.

Querido:

¿Se puede tener nostalgia de lo no vivido? Quizás solo fuíste un sueño que se coló entre los espejos. Puede ser.

Dicen que la nostalgia pertenece al otoño, pero yo creo que no tiene color. Te asalta en cualquier punto cardinal del pasado y nubla tu presente. Tragar lo que pareció una realidad y aquello que pudo haber sido. Silenciarlo y seguir adelante.

Pero la tristeza pesa pues, sabes que si uno de los dos quisiera, podría romperse ese hechizo que nos aleja tras las cataratas vaporosas de la niebla.

Querido, si no me buscas, puede pasar algo más terrible, más terrible que el olvido que no es olvido. Quizás alguien me vea navegar entre los coches, perdida, se dé cuenta de mi presencia y sonría y en su sonrisa vea un amor que nunca vi, el leve tintineo de una música del corazón y me monte en su auto.

Una bruja me dijo que tú eras mayor que yo, alegre, optimista, muy masculino y que tal vez, hicieras algo con las manos. Podías tener dinero o llegar a tenerlo, pero si no te veo, si me equivoco en mi camino, por favor, perdóname. Qué más quisiera que miles de estrellas eternas me llevaran hasta ti. Pero podría confundirme o ¿tal vez, no fuíste como imaginé?

De momento, estoy aquí, perdida en realidades sonmolientas del pasado, preguntándome si fueron verdad.

No sé si tendré el valor de darte estas cartas si te encuentro (o te conozco), pero por lo menos, tengo la esperanza de que las sientas cantando en tu corazón y sé que las sientes, aunque estuvieras mirándome desde las estrellas.

                                              Un beso, de esos que no suelo dar a nadie y que guardo en                                                                      la cajita acústica de mi alma, solo para ti. Na nit. 

lunes, octubre 27, 2014

Carta X.

Querido:

Hoy de regreso a casa, sentí de nuevo, cerca, el duendecillo de niña bailando en mi interior. Vuelvo en este cuerpo adulto. Observo las luces de oscuridad, los naturales y artificiales bollos que distraídos comensales devoran sin atención, los coches... en fin, la áspera lija del mundo adulto y me parece oír el cristal de mi cuerpo, que retiene retales de infancia que deberían marcharse; deberían dejarlos ir, sentir la adultez constamente y no solo a ratos, impura, como un vil defecto de lo que yo debería ser o haber sido, ya, a estas alturas. No creas que lo de la infancia lo digo por decir, que pinto de jardín  infantil las entrañas de mi cuerpo. Tengo mis razones; pues al igual que ellos, de aquel lugar en el que anduve esta tarde, yo tampoco crecí. Ellos por unas circunstancias totalmente distintas
 que limitan a veces su mundo psíquico, físico u ambos: yo, por otras. Y es extraño cuando ellos se dirigen a mí y me colocan ese calificativo, que resulta tan lejano y tan ajeno como el mar oyéndose en las caracolas. Y a veces, olvidan que yo estoy, como me suele pasar en otras muchas ocasiones. Y flotar y flotar en los colchones del silencio. Fluir, fluir y, aunque incómodo, resulta a la vez cómodo, posar allí la espalda y dejarse morir, estando viva. Les miro. Si supieran hasta en qué medida nos parecemos...

Me arrugo en el abrigo de la oscuridad. Encojo los hombros, sintiendo ya este aliento fresco de otoño. Figura fantasmal, pero cómoda e incómoda, benévola y dañina. Cuántas veces quisiera poder saltar. Aire de soledad. Desierto habitado, de ciudad y tierra dormida... Hoy, en especial, siento el mordisco de la vulnerabildad. En realidad soy una niña ¡Soy una niña! ¡No digas tonterías! ¡Eres una adulta pura! ¿O quizás una adulta joven? Sí... adulta joven, eso es. Y, entonces, es en estos instantes, volviendo a casa, cuando desearía sentir el abrazo de tu respiración. Y concluyo que me encantaría poder tener un chal así, con el que poder emplumar mis hombros y volar.

                                    La justiciera del amor.
(Que siempre te espera, incluso, aunque sea toda la vida y que desea no equivocarse para lograr alcanzar tu paso de puntillas, que acaricia el suelo con una pisada sutil. Quizás, no vaya contigo lo de ser terremoto; quizás). 

domingo, octubre 19, 2014

Carta IX.

Querido:

¿Sabes que un nuevo caballero volvió a rechazarme? No sé cuántos van ya, pero creí ver en su mirada tus ojos. De nuevo, me equivoqué. De nuevo... No sé dónde está ni adónde fue ¿Puede el cuerpo acostumbrarse a la tristeza? Tantas veces puede lancerar el alma que me pregunto si habrá un límite para el dolor: un periodo de inmunidad, pero... entonces, ¿estaría muerta? ¡Qué terrible que sería eso! Y los muertos no sienten, no... ¿Sabes? Él marchó, pero no importa si tú vienes aquí. Porque cuanto más se aleja él de mí, más nos acercamos tú y yo; hace días me desperté con esa certeza y en las calles dejó de llover. Quisiera que ella se impregnara de mi alma, metérmela entre mis sienes para no olvidarla. Supe, entonces, que me mirarías y que así, me enteraría de la diferencia de que te vean sin ver y de que te vean y que no te desvanezcan. Porque no es lo mismo echar de menos que echar de más. Porque no es lo mismo que te cojan la mano con un beso fugaz que con un abrigo que diga "para siempre".

Hoy, tras mi intento fallido de recluírme entre cuatro paredes, salí a recorrer la pelota del mundo. Quizás, te pudiera sentir en la colonia del aire o en la voz lejana de una canción. Bésame, querido, bésame con tus labios de aire; que sean pegamento de piel. Y méceme, méceme entre tus brazos, pues, este mundo es demasiado grande para gente tan pequeña. Méceme allá donde estés.

De nuevo... esta carta. Y concluyo que me gusta escribirte porque escribirte es la única forma que tengo de amarte, mientras tú no estás.

                                                                                                     La justiciera del Amor.