
Me gusta pintar con palabras, darlas forma y observar el arcoiris de sus letras. Son mi alimento público o clandestino, alimento de aire, alimento de alma. Soy un detective, enfrente tuyo, silente, que te observa desde la esquina de la arista. Me dejo empapar por el rocío de la vida, ésa que fluye por todos lados, que me envuelve, que me acompaña hasta el lecho de mi almohada. Te miro y si es preciso saco mi cuaderno mental de notas, notas que serán el principio del fin. Y me pregunto:
- ¿Qué diferencia hay entre un bloguer y un escritor?
Y claro que hay diferencia, pero mínima. Un escritor escribe para el mundo, el bloguer escribe para el mundo. También las personas escriben notas clandestinas... ...huellas al fin y al cabo, marcas en una página web o en una hoja de papel, marcas de tiempo, recuerdos... Nos sentamos en el alféizar de la vida, esperando pacientemente una nueva migaja de realidad. Detectives de la vida: ojos que ven, observan, callan, cuentan. Luego, llega la entrega de amor bajo sábanas de páginas, los besos de tinta, la sonrisa de un nuevo nacimiento.
Me pregunto qué pasaría si de repente me quedara sin manos, si te tuviera que fallar ¿Cómo sobreviviría? Ya no podría acudir a tus brazos, gastar toda energía acumulada en una dulce entrega de amor. Ya no habrían ríos de tinta. Sin duda, seguiría por las praderas y montañas de la vida pero, una parte de mí habría muerto, se habría ahogado en un mar sin final. El oxígeno se iría, agudizando la agonía de la realidad. Adiós al escape hacia el paraíso de letras: sólo me quedaría el rebujo de mis sueños pero, sin ti ya no sería lo mismo, mi amor.














