jueves, enero 15, 2015

Carta XVII (Príncipe tritón).

Querido:

En el palacio común de los vasallos creí ver tu reflejo. Me miro al espejo y no sé si te veo a ti o a mí misma. La vida... la vida me obliga a aprender artes oscuras. Soy mala estudiante, pero múltiples maestros propagan su arte oscuro; no quisiera irme al lado oscuro, las lecciones llenan de espinas mi corazón y solo deseo ya huir; quizás sea cierto: NO ES BUENO TENER A MUCHA GENTE, PORQUE SOLO TE TRAEN PROBLEMAS. Y aquí... en este mundo níveo fluyen los recuerdos, recuerdos que solo sirven para encender la cascada de los ojos. Nada más. Pero... querido: he de contarte una cosa: así sucedió todo.

Me hallaba en una de mis clases, cuando, de repente, anunciaron que venía un príncipe tritón al que le había gustado una persona de mi grupo estudiantil como esposa y aunque, muchos preguntaron que quien era, no hubo forma de saber la respuesta. Entonces, los recuerdos de la bruja-halcón me asaltaron y una sensación de intuición se me clavó en el corazón.

El príncipe tritón me saludó, como si me conociera de toda la vida. El príncipe tritón trató de susurrarme por los pasillos una encantadora banalidad de... ESAS QUE TÚ YA NO ME QUIERES CONTAR y aunque, yo ya siempre me creí invisible tras los espejos, aunque TU AUSENCIA ME HACE SENTIR NADA, solo con sus dardos amistosos HUELO LA DIFERENCIA. CUANDO LOS SILENCIOS DE OTROS TE SILENCIAN, cuando no les importa dejarte con una cascada de lluvia, cuando con sus actitudes descorteses e indiferencias te convierten en espíritu, un simple rayo de luz dirigido a ti, una simple mirada, como si, de nuevo, pudieran verte, es como el sol abrillantando tus cabellos.

Querido, no sé bien qué intenciones tiene el príncipe tritón ni a quién busca exactamente o, si yo soy, una simple dama de corte que está cerca de su amada. Y, aunque me agrada la simpatía del príncipe tritón, no puedo evitar sentarme sobre el alféizar de la ventana. Él me recuerda que algún día podría volar y dejar de beber tu silencio: ¡Él me lo recuerda! Y vuelvo a pensar que YO NO MEREZCO LA NOCHE Y QUE... SIMPLEMENTE, ME GUSTARÍA VOLAR SOBRE UN COLUMPIO, CON EL SOL TOSTÁNDOME EL CABELLO Y LOS BAJOS DE LA FALDA BAILANDO.

De momento, el príncipe tritón sigue paseándose, mandándome saludos reales y sonrisas corteses. Le miro, le miro con esa energía de vida y no puedo evitar entristecerme, pensando QUE PODRÍAS HABER SIDO TÚ. Cuando la noche oscura se me acerca, cuando está a punto de pasarse un nuevo capítulo del día, entonces, lloro.

Querido, quiero decirte que si algún día decido volar, si tomo un camino que me aleje de ti y en el que no estés tú; si el CORAZÓN SE TE APLASTA COMO UNA LOMBRIZ, ten presente que YO TE ESTUVE ESPERANDO Y TÚ NO VINISTE.

De momento, el príncipe tritón sigue siendo un simple conocido, pero... QUIÉN NO PODRÍA DECIRME QUE ALGÚN DÍA PUDIERA QUERER BAILAR UN VALS. Me conmueven los corazones que me dibujan en la realidad, mientras otros me eliminan con su ausencia.

                                                     La justiciera del amor.


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