miércoles, febrero 02, 2011

Año 2040.


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He conseguido subirme al bus. No siempre es fácil. Ya no soy tan joven y el dinero es un rascacielos que escala mundos inaccesibles a estos ojos que ya no quieren ver. Me sorprendo de haber llegado aquí, de estar viva. Renqueando por la carreta de esta vida de aromas extraños, tan extraños... pero, no es esa la cuestión. Yo no quiero hablar de mi sordera, mi ceguera y este corazón de piedra artificial - aunque no me sirve de mucho este transplante - yo creía que dejarían de dolerme los latidos, esos que pueden venir en cualquier momento y lugar pero, no...- dejémoslo ahí.

Hoy, camino bajo vigilantes de hormigón, tornados de prisas y faros de lejanía- siempre lo hago, sólo que ahora, la diferencia es que me lleva este gran animal, señor de carreteras. Suena, suena la música, amasa el pan clásico del tema de amor. Amor positivo o negativo, que vuela entre las páginas de un cuento pero, es raro ¿Música? Cacofonía. Disonancia consentida. Vestido desentonante. Invisibilidad. Silencio. En todo caso, se pegan los ritmos a la cola de la marcha pero, ya no los mensajes. Palabras ¿qué habéis venido a buscar? La música no es vuestra fiesta; se oyen vuestras voces de sílabas pero, ya nadie os puede acompañar con plenitud ¿por qué? Porque hace frío y éste empaña los cristales. Es duro el invierno y sin embargo, vamos en manga corta, semidesnudos... Se ha dejado de sentir el hielo en nuestros cuerpos: todo se reduce a un trato comercial. Hemos creado la inmunidad: ya no existe la muerte en la oscuridad, ni los pasos caídos, ni algo que importe. Vasos insípidos; sólo cuando existe una transacción de un interés satisfecho se anima la cosa.

El bus sigue. La música sigue con sus contenidos románticos pero, debería aprender que éste ya no es su lugar. Sus susurros sólo son los ignorados rellenos de un cojín. La verdad, es que incluso ni el que escribió todo aquello, se lo cree. La gente tararea pero, han perdido la posibilidad de un pasaje melódico de identidad; simplemente, poco a poco se fue perdiendo lo que alguna vez importó. El sentido del negocio del yo exclusivo se fue imponiendo y un nuevo clima fue apareciendo. Decían que hacía sol, todos querían creer que estaba; lo cierto, es que nunca volvió.

Nadie ama a nadie (Chris Isaak).

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