
Isidro, se recluye en su estudio y se deja seducir por el abrazo de la soledad. Su estudio realmente es una habitación semi vacía y serena. Desde el gran ventanal , allí en lo alto, se puede ver la gran masa de edificios apiñados, en una ofensa al desorden. Pero, lo más bonito es la luna con sus estrellas que rasgan la homogeneidad del negro noche. Es una estampa realmente conmovedora pero, no la única. Para él, cada objeto, cada mínimo rasgo de realidad pintado en este mundo, tiene un algo, oculto o no, que vale la pena retratar. Así que, coge su pincel y sus óleos y va creando su obra maestra. Cada pincelada es un acto de amor que va dando forma a la que será su obra de arte, una imagen que nunca morirá (al menos, eso es lo que cree), que quedará inmortalizada hasta el ocaso de sus días.
- ¿Qué guardas en esa habitación? Déjame ver.- había dicho una vez la chica con la que estaba saliendo, una vez que la invitó a su casa. Y entonces, entró de improviso.
- ¡Qué colección tan bella! ¿De verdad son tuyos?- la chica había quedado realmente extasiada, parándose frente a cada uno de los cuadros, recreándose con cada ventana de colores que formaban las más inimaginables y bellas combinaciones.- ¿Se los has enseñado a alguien más?
- No, los tengo aquí. Me gusta mirarlos y tenerlos conmigo.
- Pues deberías exponerlos en algún sitio ¿No crees que el mundo tiene derecho a admirar tan magnífica belleza?
¡Caray! Su chica tenía razón ¿Por qué tenía que esconderlos? Quizás estaba incurriendo en un acto egoísta ¿lo sería?
Llegó el gran día. Las puertas de la sala de exposiciones se abrieron y el público entró a tropel.
- ¡Qué cuadros más feos!
- ¡Jamás he visto una cosa tan horrorosa!
- ¡Feísimo!
Dos personas que miraron más de dos minutos los cuadros, se pusieron enfermas y tuvieron que ser llevadas con urgencia al hospital. Al darse cuenta de lo ocurrido, la gente dejó de vituperar y se dedicó a taparse los ojos o a apartar la vista, mientras alarmada, corría hacia la salida. Gritos:
- ¡Vamos a morir!
- ¡Socorro!
- ¡Ah!
Etc, etc.
El edificio quedó completamente desierto. Isidro y su chica, recogieron los cuadros. De nuevo volvieron al lugar donde fueron creados. No fue nada agradable para él aceptar que su obra no había sido muy bien acogida. Pero, aunque la sociedad no comprendiera su arte, éste no dejaba de serlo . Así que como cada noche, siguió sentándose tranquilamente en su taburete, cogiendo su pincel y dejando volar su creatividad. Cada pincelada le hacía sentir bien. Nada ni nadie podría separarle de su pasión.
- No todo arte es comprendido.- Murmuró para sí. Respiró hondo y siguió llenando su corazón de felicidad. Lo admiro.



































