jueves, agosto 19, 2010

Cursillos.


Lo Pagán, 2010.


A veces, unos amigos un tanto larguiduchos coronan las pequeñas charcas de sal de estas tierras mediterráneas con sus plumas de diamante, ópaco y rosa de Francia. Alguno que otro, no puede regalar las piedras preciosas de su presencia, al menos, de la misma manera; se envuelven, entonces, en un batín parduzco, grisáceo, alicaído, insípido: son los jovenzuelos; pero, nadie dijo que la flor dormida no pudiera florecer algún día, así que cuando alcancen la edad adulta, se vestirán del color de su sueño inacalzable. Mientras una voz sabia, el caminar silencioso del viento del tiempo les dice: " Calma. Todo a su debido tiempo. Despacito y buena letra".

Son unos excelentes limpiadores estos visitantes del verano. Con su pico de filtro, curiosa herramienta que han inventado con el paso de los años, separan el barro de su comidita, del producto de valor, saboreando hasta la última partícula.

Sea como sea, aunque una luz de existencia no brille más que otra, aunque no alcance la cumbre de la belleza, del éxito, no importa. El verdadero tesoro de una existencia no entiende de esas cosas: sólo del corazón y no hay luz más inmensa que la de un buen corazón. Si tu corazón duerme, inmunizado contra la nieve y el frío, quizás no sea demasiado tarde y se pueda despertar; sólo hay que pasar los semáforos de tu propio yo; saltar, brincar por los jardines exteriores del mundo propio; recuperar los valores perdidos de los que han nacido las quebraduras del alma.

Hoy, los corazones duermen, perdidos en un túnel de infelicidad e inconformismo, ¿será demasiado tarde para abrir sus ojos y mirar más allá de nuestro propio país del Yo?

No siempre es fácil alejarse de las colinas del Sólo Yo pero, no faltan los cursillos, escondidos en las brumas de un diario. Sólo el más habilidoso, el más despierto, el alumno con más interés, logrará aprender poco a poco esta difícil lección del alma, trazando siempre la herradura de un error pero, creciendo, creciendo por dentro; los demás, que tienden a ser haraganes o aún no han aprendido a despertar y se pierden en su única existencia, harán al mundo estar más lúgubre. La tendencia es una eterna tormenta de ingravidez: el mundo se ha dejado hechizar por el bosque encantado del Yo, del beneficio propio, del poder, aún a costa de que haya que aplastar a las pobres hormigas bajo un gigantezco zapato, por eso éste duerme, se cae, se desliza hacia la garganta oscura de una perdición. Pero, los aplicados alumnos, los que saben crear estrellas y agarrarlas con sus manos, conocerán el cielo hermoso en su propia habitación y con su luz será el alumbrado de la locura, del negro, del azabache. Su faro, no será suficiente para aniquilar toda la tenebrosidad insulsa del cielo pero, por lo menos, pintarán parte del cuadro de añil y allí las sonrisas anidarán en los árboles, el sol matará goteras, las gaviotas planearán sobre el viento... ¿Qué pasaría, entonces, si los faros inundarán el mundo?
---------------------------------------------------------------------------
Aprovecho para dejar aquí una canción que me parece preciosa.


Te regalo una rosa, Juan Luis Guerra.

6 dicen bla,bla,bla:

Esther dijo...

Seguiremos errando, porque al fin y al cabo esa es nuestra naturaleza.

No pensaba escribir esto pero, esto me salió. Supongo que son cosas que inconscientemente he estado pensando... pero, pese a todo, he tomado una decisión con respecto al todo... Lo siento, pese a quien pese, pero, es mi forma de escapar.

Un saludito y suerte.

abulico dijo...

El error es algo común al ser humano...que le vamos a hacer, es así.

Le encuentro mucho sentido a tu reflexión.

Maat dijo...

Lo que sale espontáneo es lo mejor que nos sale de dentro.

Sigue así

Un besote :)

Dinorider d'Andoandor dijo...

qué bonita vista de Lo Pagán!

Amanecer dijo...

juasss quien no quisiera ser ave ...

Esther dijo...

Amanecer, intenté visitarte. No sé si será a propósito o no, pero, no pude porque no tienes perfil. De todas formas, muchísimas gracias por compartir tu pensamiento :)

Un saludito.