viernes, septiembre 05, 2008

Inconformidad viajera.



Un nuevo día comienza. Marta se levanta y se mira frente al espejo. Ve con fastidio la cascada de rizos que cae sobre su espalda. Son una maldición: aunque se alise el pelo, al día siguiente saldrán igual. Si eso fuera todo... ... su cuerpo es como una fina espiga de trigo: extremadamente estirado y flaco. Aún recuerda aquella tarde, en que comió dulces hasta hartarse, tantos que acabó con un dolor de tripa espantoso o cuando se abandonó a una vida aún más sedentaria de la que tenía, algo que no pudo aguantar porque necesitaba aire, libertad: nada funcionó. ¿Y su altura? Para ser una mujer era demasiado alta y ¡por Dios! ¡Apenas tenía pecho!

Elena también se abre al nuevo día. El espejo la devuelve una mirada, la terrible mirada de su realidad. Con la típica costumbre vacía y hueca, empieza cogiendo un mechón de pelo, de ese pelo tieso como el de una escoba y empieza a peinarlo pacientemente, con cuidado. Sí, debería haberse hecho la permanente pero, esta semana apenas había tenido tiempo. Su cuerpo... ...¡por favor! ¡Qué visión más horrorosa! La redondez empieza a asomar por su vientre por una temporada en la que la dio por comer dulces... ...si es que ya lo sabía ella. Y su altura... ...quisiera haber sido más alta; todavía a veces resuenan las risotadas y mofas de sus antiguos compañeros de clase y ese mote: La enana. Sus pechos generosos, demasiado diría ella, no pocas veces dejan de acaparar alguna mirada masculina o eso es lo que siente ella: ojos que no paran de posarse una y otra vez ¿imaginación? Quizás. Pero, no puede evitar sentir una inmensa vergüenza.

Ambas mujeres salen a la calle, rumbo a un encuentro ignorado. Alzan cabezas, se miran. Marta quiere el cuerpo de Elena, Elena el de Marta y ¿qué pueden hacer? ¡Maldito destino caprichoso o lo que sea! ¿Un día se divirtió dando formas a la inconformidad o qué? Quién sabe... ...el caso, es que la inconformidad está ahí: vuela sobre los árboles, por el cielo, por el aire y contamina pensamientos.

17 comentarios:

belona dijo...

jajajjajajjaj claro, no todo el mundo va a tener la suerte mía, de ser una "mujer perfecta".
Pero se tienen que conformar con lo que tienen, no van a pretender ser como yo.

Y ahora alomejor te preguntas.. qué cómo soy yo... pues sencillamente una mujer perfecta en mis imperfecciones, que son bastantes, pero perfectas.

Christian dijo...

Yo espero que las pelirrojas nunca se quejen.

Sick dijo...

Siempre quejandonos... y sin valorar de lo que somos poseedores. Una lástima porqué este cuerpo nuestro nos durará apenas un siglo y nos pasamos gran parte de ese tiempo rechazandolo sin piedad.

Muaks!

Dinorider d'Andoandor dijo...

cierto, nunca nos conformamos, debieramos trabajar más en querernos y mejorarnos que en quejarnos

Alicia Cañellas dijo...

Has plasmado perfectamente lo que siempre suele pasar: quien tiene blanco quiere negro y viceversa...
El ser humano. De naturaleza inconformista, claro...
Pero imagina si, por ejemplo, se les cayese el pelo a las dos!! Aissss... Es que lo peor que nos pasa es que no sabemos apreciar todo lo bueno que tenemos, hasta que lo perdemos!

Anónimo dijo...

La inconformidad es algo que siempre asola al ser humano. Todos deseamos lo que no tenemos justamente. Espero que a ti esta maldición no te afecte demasiado. Un texto muy real y acertado. Besos.

Rebeca Gonzalo dijo...

El ser humano es por naturaleza inconformista y quizá eso sea un regalo, porque le permite superarse o luchar al menos contra el tedio. Lo bonito está en la variedad obviamente, pero también en saber apreciar lo que a cada cual le ha tocado en suerte. Recopilas de forma maravillosa ese caos con que se nos dotó de fábrica... ¡Enhorabuena! Tengo que insistir en que pasees por el cuentacuentos: www.elcuentacuentos.com Un saludo.

Moncho y yo dijo...

Muchas gracias por tu visita y tus palabras, te parecerá una tontería pero cada vez que os leo me lleno de buenas energías, veo que efectivamente hay vida más allá.

El post genial! Siempre he sabido como una verdad absoluta que nadie es feliz con su pelo.

Un besote!

Viv. dijo...

Cuando era adolescente adolecía -valga la redundancia- algún complejo por no lograr broncearme como las otras o por senos pequeños... pero a esa edad se justifica. Después una se da cuenta de a poco, a medida que sumamos años, que comenzamos a caminar más erguidas y a paso más firme. Cada detalle -imperfecciones incluidas- nos hace únicas, exclusivas; no barbies clonadas. Ninguna mirada es idéntica a la otra, nadie toca o abraza igual, nadie te sacude con palabras nacidas de su exterior.
El envase importa, sí, es nuestra presentación, pero pesa en el primer encuentro, en la primera impresión; después DECIDEN las capacidades y herramientas internas de cada uno.
Besote.

G-russo dijo...

vivir, o desvivir, enmarcando nuestros defectos es el problema, en vez de marcar con un marcador de oro lo bueno que tenemos, lo bello que llevamos dentro y que cuando encontramos a personas que nos aman, nos amaran por lo que llevamos dentro y no por la rigidez de nuestro cuerpo, la envoltura no cuenta cuando lo que deseamos es lo que va adentro

PARANOICO ILUSIONISTA dijo...

La inconformidad como cotaminante de mentes vulnerables, o no tan vulnerables. El problema tal vez aparece cuando son ojos ajenos los que alimentan esa inconformidad perpetua. Que sean los ojos propios los que impongan el peaje nunca los ajenos....

Besos en el regreso

Anónimo dijo...

Espero que tu imaginación ande ya enfrascada con nuevas ideas. Besos.

Anónimo dijo...

En realidad me he topado con esa inconformidad, varias veces...
Pero no puede hacerce mucho...

markín dijo...

Al final, uno se aburre del cuerpo... y se queda con la mujer inconforme. agg

Y por ese inconformismo siemrpe será ogra. Nada mejor que ligarse con alguien que se sienta bien consigo misma.

Disfruta lo que tienes. digo, dicen.

Chau,

Lluvia dijo...

Es cierto está más que comprobado que la gran mayoria quiere lo que no tiene. Yo tengo el pelo rizado y mucha gente me dice yo quiero tenerlo como tú, mientras yo lucho cada día con la plancha y las permanentes lisas para tenerlo eso mismo, liso...
Un abrazote inmenso y sin nada de inconformismo.

ANA

Anónimo dijo...

¿Sabes? Rizando un poco más el rizo, yo me atrevería a apostar que si Marta hubiera nacido dentro del cuerpo de Elena y viceversa, ambas estarían también en la misma situación: ansiando el de la otra...

Es ley de vida: los altos quisieran medir menos y los bajos más; los rubios tener el pelo más oscuro y los morenos más claro; etc.

Un besote, guapa!

Dragón del 96 dijo...

Tipico de todos nosotros, nunca estamos contentos con lo que tenemos ni con lo que somos. A veces no quiero ser como soy (o como me veo) para quererme mas, jajaja.

Slaudos.