- Ven- dijo.
Los buitres extrañamente aparecieron, como indicando, a modo simbólico, que éste no era mi sitio.
Un pié, luego, otro, que se metieron en el gran Señor Helado. Así fue como poco a poco me fui vistiendo de diamante, sintiendo cómo el frescor del Licor del Polo, besaba cada parte de mi cuerpo. Mi mente escribió un papel en blanco y fue así como dejé de sentir. Conchas de párpados, coronadas de burbujas, provenientes de un último exilio de oxígeno. Uno labios que también terminaron por enmudecer. Silencio.
Desperté, como otros tantos días. El sol de girasol empezó a salir otra vez, entre las montañas celestes. Una realidad. Una nueva condena de sinsentido brutal. Los grilletes se arrastran al ritmo de la canción de mis pasos. Cada vez, cada día que pasa, pesan más. De nuevo, vendrá esta noche esa llamada. De nuevo, saldré, colgando del brazo la seda Soledad. Y nos encontraremos tú y yo, lago. Otra vez, el ritual volverá a repetir sus rutinas.
Dicen que el Lago Helado conduce al canal de los sueños. Todas las noches navego entre sus nubes. Sólo espero que un día sea eterno, ya que como dicen, éste no es mi lugar.

5 dicen bla,bla,bla:
Bonito, hay mucho simbolismo siempre en tus escritos y eso los nutre de un toque poético maravilloso.
Resulta muy duro ese final que planteas en este relato. ¡Ojalá encuentre su sitio y no tenga que volver a ese lago! o si lo hace que no se duerma en sus aguas para siempre.
Besotes.
no será nuestro lugar pero es lo que tenemos, no?
Acabo de permitir los comentarios pero, seguiré visitando en breve. Sorry.
Increíble, me gusto. Felices fiestas.
Igualmente :)
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