sábado, noviembre 19, 2011

Por una vida.

Otra vez había que repetir el proceso: dormir, de nuevo, en el hábitat de una blancura hospitalaria, entre sábanas de sueños con timbre inducido, puentes de bisturí y quién sabe qué más.

Las setas de los clavos se acumulaban en su aparato digestivo, una a una, grupo a grupo. Cuando le preguntaban cómo podía comerse eso, contestaba:

- Pues muy fácil: pongo el pincho hacia arriba y trago- entonces, sacaba un clavo de su bolsillo y redibujaba las pinceladas de su exitosa maniobra. No se lo llegaba a comer delante de los demás; prefería hacerlo a solas y saborear el fin de la partitura Soledad, sabiendo que pronto volvería a verle.

 Nadie podía entenderlo pero, esos clavos eran su seguro de vida: llegaría otra operación y con ella, esas manos varoniles, de sangre azul. Cualquier cosa valía, con tal de dejarse acariciar por la infinita nube de su presencia y aunque muriera, aunque la muerte expirase su último aliento de vida, una imagen final del doctor marcaría su alma con el tatuaje de una sonrisa y las sonrisas eternas nunca se olvidan, jamás. La muerte podría jugar, esconderse, frente al antagonismo de la vida pero, quizás no pudiera borrar, totalmente, el tesoro de una sonrisa. Puede ser, que en el más allá, aún con los almohadones del olvido, quedase algún resquicio de dulces cosquillas, aunque ya no se pudieran traducir en recuerdo ; al menos, hasta la fecha, nadie había demostrado que esto, no pudiera ser así.

4 dicen bla,bla,bla:

Nuncajamás dijo...

¿Se trata de un faquir? En fin, me ha gustado como siempre, aunque quedan ciertas dudas sobre la identidad del personaje.

Besotes.

Esther dijo...

Los protagonistas son un hombre (doctor) y una mujer :)

Carlos dijo...

El amor había oído que siempre conlleva un camino de espinas que superar. Pero aquí sale fortalecido cambiándo las dificultades por clavos.

Y cuando le abrían aquellas manos el estómago su corazón se abría con una sonrisa. :)

Precioso micro!

Dinorider d'Andoandor dijo...

juguetona la muerte