domingo, junio 14, 2009

Aquel día.



Aquel día vendí mi alma, mi honor y mi orgullo, ¿y para qué? Hablan los espejos pero, no me reconozco. Intento encontrarme pero, sólo me asaltan los fantasmas del pasado y una imagen demacrada y gastada que me asusta y que las huellas del maquillaje saben disimular bastante bien.

Hombres, hombres sin nombre. Cuerpos sudorosos que se avalanzan sobre mí. Manos, manos que muerden, morbosas, insolentes, carentes de la palabra amor. Palabras pervertidas, veneno de cuchillo que destroza lo indestrozable porque ya no me queda nada: los lagos de lágrimas se han acallado, al igual que los latidos del corazón y los vasos de sonrisas. Porque estoy muerta: soy la muñeca de trapo, el juguete que duerme a la espera de ser usado.

- Eres preciosa - me decías embelesado. - Mira a las estrellas del firmamento. Tú también puedes ser una de ellas.

- Cómo- reía yo.

- Tengo un amigo que... No hay nada de malo en compartir tu belleza con los demás. Él te puliría como a una estrella- me guiñabas el ojo y yo reía más y más.

Sí, aquel día fue mi perdición: aquel día en el que nuestros labios se saborearon por primera vez y en el que mis oídos se dejaron acariciar por el dulce vino de tus palabras. También lo fue el día en que empecé a tomarme en serio tu proposición. Total, como tú me decías, sólo era un juego y en cuanto pudiera podría dejarlo. Pero, jamás imaginé que fuera tan duro: ese ácido de vicio ajeno y corrosivo de almas y de la propia identidad.

Tú eras un lobo bajo tu piel de corderito; yo una niña tonta e ingenua que se creyó tu Estrella de Oriente. Y te marchaste, como lo hacen las estrellas fugaces, dejando tu estela de desencanto en mi cielo de fantasía y finalmente tu figura de soledad.

Día a día, mis pasos de existencia se dibujan y desdibujan entre una manada de lobos y ahora este amable señor se pregunta que por qué no reconozco la palabra amor, que coja su mano y que la pruebe por primera vez. Y se extraña, se extraña ante mi cara de no creer.



Cuerpo y corazón- Mecano.

12 dicen bla,bla,bla:

Esther dijo...

Me acordé de una historia de una famosa de mi país que leí en alguna revista y que me llamó la atención y a la que le pasó algo parecido.

Hay que tener cuidado de con quién nos juntamos, lo malo es que a veces esa pasión puede cegarnos. Hay gente horrible por ahí.

Saluditos a tod@s y procuren protegerse siempre.

abulico dijo...

Por que las mujeres siempre creen al hombre que las quiere hacer daño y no al hombre que la ama?

Es lo que siempre pasa. Realmente alguna vez existe el amor correspondido?

Dinorider d'Andoandor dijo...

uuuh!
felizmente hay buenos seres de luz también

Reithor dijo...

Muy emotivo, la verdad. La ingenuidad es una cualidad capaz de hacernos felices, ya que no nos preocupamos, pero a su vez es imán de desgracias porque no nos damos cuenta de lo que toca rechazar. Pero así es el mundo... perdiendo es como se aprende.

¡Un abrazote!

Virginia Vadillo dijo...

Me gusta, tiene ritmo =)
Buen relato!
Besos!

Sara dijo...

Hay muchos lobos con piel de cordero... el problema es que hasta que no estamos lo suficientemente cerca como para quitarles su disfraz, no nos damos cuenta...

Alatriste dijo...

Me encanta Rara vez. Realmente, mi amiga Raquel me ha metido el gusanillo de la música de Mikel y me gustan casi todas sus canciones. Amara, Vasos de Roma y ginebra, El club de las horas contadas, Cartas de amor. En fin, es un gran cantante. Y otra cosa que me gusta mucho, es leerte y dejarte luego mis palabras. Me alegro mucho de haberte encontrado en este peculiar mundo. Un beso fuerte y prepárate para disfrutar del verano. Cuídate. Hasta pronto.

digler dijo...

es una historia sumamente triste, y mas triste aun porque refleja muy bien lo que viven todos los dias miles de mujeres en el mundo

Patricia dijo...

Tus palabras me caen como las de un angelito pues justamente pensaba en un "lobo" que conoci cierto tiempo atras, tienes razon a veces nos volbemos atontadas ante un vino de palabras...y son tantos los lobos que en su falso orgullo se pavonean gritando a los cuatro vientos su condicion triste de lobos esteparios...mejor alejarse que hay muchos corazones puros tambien por otros caminos...
besos,

*Sechat* dijo...

Un relato muy duro y conmovedor que hace que nos planteemos si no será mucho mejor la temida soledad a veces que el dejarse llevar por personas de dudosa calaña y que sólo mancillarán nuestra alma.

Me ha gustado por su desgarro y sinceridad. ¡Formidable!

Yahuan dijo...

Tal vez siempre nos demos cuenta de las cosas cuando ya sea demasiado tarde. Tal vez corresponda a la definición propia de darse cuenta.

Bartok dijo...

Hay que estar atentos, pues, y educar a nuestras hijas para que no crean todas las rosas que muchos hijos de puta puedan decirle. Esto debe acabar ya. Un abrazo.