
Donde se confunden los relojes con las lunas. Sí, allí podría decir que se dibujó esta historia. Lunas, muchas fueron las lunas oscuras que cayeron en este lugar de Eslovaquia; centenas de jóvenes desaparecían misteriosamente. La juventud, alegre y primaveral, recorría cada relieve de sus cuerpos y se mecía chispeante en cada centímetro de sus almas, de sus ojos, de sus incansables piernas galopantes. Juventud, juventud que muere lentamente. Pero, desgraciadamente, ésta nos estaba demostrando que también podía expirar su camino abruptamente: cada mañana, los campos, cercanos al castillo de piedra gris, se teñían de esas rosas de primavera, siempre chicas, que aparecían marchitas, mutiladas, quizás quemadas y muertas, muertas para siempre. Hubo un tiempo, en que ésto último no sucedía: sólo eran desapariciones que bailaban en la penumbra pero, luego esa maldita maldición, no conforme con su castigo, empezó a derramar cuerpos y gritos desgarradores que coronaban el alto del cielo. Gritos, gritando clemencia, piedad. Algunos contaban que habían visto una carroza negra pulular por las calles ennegricidas por el sueño del sol. La carroza, la carroza maldita, así la llamaba mi mujer. Pero, muchos otros , creían que se trataba de vampiros que vivían en el castillo siniestro, el castillo de Csejthe, sí, el mismo que se sabía que era propiedad de los Báthory, o por sus cercanías. Los Báthory, poderosa familia. Sabía de buena tinta, que la condesa Báthory a menudo tenía que lidiar con la soledad, un corazón solo y sediento de amor; su marido, Ferenc, a menudo marchaba de viaje para atender sus asuntos militares. La soledad en sus noches de almohada dolía demasiado y fue esa marea la que la llevó a precipitarse en varios abrazos de amor. Otros brazos, brazos diferentes y de todos los sabores. Báthory, una Báthory sola, seguramente. Pero, si su castillo había sido plagado de vampiros, ¿qué la habría pasado a ella? ¿Habría muerto?
Los misterios del castillo transpiraban a través de sus ventanas y la curiosidad del pueblo no tardó en llegar a las puertas del rey, que rápido pidió al Conde Thurzo que indagara en el asunto. Fue así como las puertas contenedoras de secretos, se abrieron, sí, se abrieron y dieron paso a la luz, luz de verdades, verdades contadas que se imprimieron en barcos de papel, navegantes del tiempo. Y fue así cómo se supo el cómo empezó todo:
- La sangre joven tiene un asombroso poder de juventud- le dijo su amiga, su amante de noches eternas. Erzsébet Báthory, estaba recordando esas palabras, cuando la criada torpe que la estaba peinando, la dio un tirón de pelo. Tal ira la entró, que la dio una bofetada y tan grande fue ésta que ríos de sangre manaron de su rostro y salpicaron la mano de Erzsébet. Fue entonces, cuando la Condesa se dio cuenta de que su amiga tenía razón: la piel manchada se volvió más blanca, joven, lozana. Al comprobar el efecto rejuvenecedor del líquido rojo, Erzsébet no se lo pensó dos veces: ordenó que le cortasen las venas a la sirvienta y que vertieran el líquido milagroso en una bañera. A partir de ese instante, siempre se metía, se sumergía en las aguas de su mar rojo particular, acariciaría cada grabado de su piel y sonreiría, pensando que su belleza jamás se vería mermada por los avatares del tiempo. La eterna bella, ¡sí!. Los muros grises serían los testigos mudos de las decenas y decenas de jóvenes humilladas, desangradas y torturadas. Oirían los ensordecedores alaridos de dolor e intentarían cobijar el horror de los ojos del mundo, ésto último sin éxito, ya que el excesivo número de cadáveres les obligaría a tirarlos por las inmediaciones.
Una jaula, una jaula con cuchillos. Alfileres. Monedas que ardían al rojo vivo. Tazas con bebida de rubí. Olor a putrefacción. Cómplices. Muerte. Bañera. Gritos. Un vestido blanco que siempre acababa tintado de rojo. Rojo. Páginas y páginas escritas con pasos de vida, interrumpidos por un inesperado tajo mortal. Pero, como dije, llegaría el día en que los secretos dejarían de callar y sus ecos volarían sobre las cabezas del mundo: sería a partir de 1610. La condesa confesaría que mató a más de 650 jóvenes y la vara del castigo caería sobre ella, porque Dios pone a todo el mundo en su lugar, eso se dice; el escenario de oscuridad se convirtió en su propia cárcel y las sobras de alimento pasaban a través de los barrotes de las puerta de hierro, sabiéndose cerca de la agonía de unos dientes cortantes. La Condesa se acostó al arrullo de la soledad: ni una sola palabra, ni un sólo contacto humano. Pero, un día dijo no a la comida y sí a la muerte. Un día, la condesa se dormiría para siempre.
Más información sobre la Condesa Sangrienta y sus torturas: aquí o en google.
viernes, mayo 01, 2009
La carroza negra.
Publicado por
Esther
en
8:15 PM
Etiquetas: Historias reales para el cuentacuentos
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7 dicen bla,bla,bla:
a la mela, qué miedo!
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en el greader me llegó un post tuyo que cambiabas de url, pero felizmente veo que sigues en tu casita de siempre
Estremecedor de principio a fin y me has presentado un personaje del que no tenía ni idea, así que gracias dobles, por la cultura y aportada y por lo agradable de leerte.
Sólo encontré un pero: pecas de laismo.
Besos angelicales
Lei algunas versiones de la historia de Bathory. Realmente estremecedor. Y hay que notar el miedo de la gente y la creencia hacia los vampiros que hicieron que no se investigaran estos hechos. Matar 650 mujeres es una todo un genocidio, hecho a pocos metros de las víctimas y con solamente sospechas. Un abrazo.
AUUUUUUUUUUUUUUU QMIEDO
HAS HECHO Q MUERDA LAS UÑAS
Logras conducir una historia repleta de personajes, escenarios y fechas, elementos con los que narras un cuento que adaptas muy bien con la frase.
Y todo por un tirón de pelo :)
Un abrazo!
vaya, no tenía ni idea de esta historia, me ha encantado tu forma de contármela y que me la hayas descubierto :)
Pd.- la foto de mi texto "todo lo que nunca te digo" es el lago Leman, en Suiza, en algún punto entre Lausanne y Lutry, en la parte francesa. Y si, la verdad es que todo Suiza es así de tranquilo, así que si quieres conocerlo ya sabes dónde tienes que ir :)
me ha encantado la historia. muy bien narrada
besines embrujados
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