Sechat creó un foro, con un taller de escritura, donde todo aquél que se apunte será bienvenido. Yo me animé en hacer el segundo reto que consistía en ambientar una narración en una fragua, utilizando las palabras que pongo en color. ¿Te animas?
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Mujer en la fragua.
Contaban que en la fragua- ahora abandonada- vivía un viejo brujo, muy bueno en sus predicciones. Tanto había oído hablar de él que movida por la curiosidad no pude evitar acercarme. El destino siempre es un arcano, un misterio que no todas las personas tenemos la dicha de conocer. Ésta podía ser mi oportunidad de levantar el velo de misterio, la cortina de humo de mi siempre futuro incierto. Futuro incierto, le quitaría ese apellido, quizás.
Aquel lugar era extraño pero, él había logrado que un abrazo acogedor envolviera toda la estancia, todos los poros de su piel. Los cuadros de madera pesada, rudos, colgaban de las paredes. Parecían cargar siglos y siglos de vejez. En la esquina derecha del fondo, un enorme ábaco de ébano alzaba su cabeza bien alta, mostrando el sello de su majestuosidad. Pero, lo que más llamaba mi atención eran los enormes matraces con líquidos de colores inimaginables que burbujeaban sin control sobre una anciana mesa. Y allí estaba él, con su cuerpo encorvado y su masa salvaje de pelo gris. Vestía ropas haraposas, raídas por el tiempo- a decir verdad, todo ahí parecía viejo. Ahora, fijaba distraído, la vista en las letras de un viejo pergamino, ayudándose de una lupa.
- Buenos días.
El anciano levantó torpemente la cabeza.
- Buenos días.- Dijo al fin- Viene a que le adivine su futuro, ¿verdad?
- Sí.
- ¿Sobre su futuro en general? ¿Amores? ¿Trabajo?
- Sobre mi futuro en general.
- Pero, le advierto que sólo puedo adivinar el futuro más próximo.
- No importa- contesté.
Sin mediar más palabra, el brujo se arrojó en su trabajo pero, el espectáculo fue espeluznante, no me lo esperaba en absoluto. Movió, no sin esfuerzo, un elegante armario detrás del cual apareció una puerta enorme, imponente, vestida de telarañas, las cuales apartó bruscamente. Entró. Un ruido vociferó desde el interior y salió. Era el lastre de una mesa, aterrida y traumatizada por el horror que portaba su estampa. Arañaba el suelo con uñas, dientes, sangre, pero el empuje del anciano, aunque forzado, fue más fuerte. Y salió, salió la mesa de los horrores. Un cadáver, un cadáver inerte, frío, putrefacto. Un horroroso cadáver. El destello de un bisturí emitió su sonido de muerte una vez más y yo no pude seguir mirando. Brujo, me dijeron, pero nadie me había contado que era un nigromante.
- Ojos, nariz, pleura, lengua…- fue diciendo.
Los oídos me iban a estallar. No quería seguir escuchando. Quería que esas palabras fueran huecas, vacías de contenido, que su esencia se perdiera lejos, alto, muy alto, más allá de los árboles, que muriera como lo hacen las nubes de vapor rendidas ante la hermosura de la cara del buen tiempo. Pero, era inevitable, era inevitable que esas palabras no zumbaran en mis oídos, torturándolos con sus terribles latigazos. Parón. Silencio, bendito silencio, al fin. Le oí meditar. Entreabrí la persiana improvisada que había creado sobre mis ojos, la entreabrí y fijé la vista en el hombre de cabellos grises, intentando desenfocar el terrible objeto que se encontraba justo a su lado. Se hallaba él frente a una gigantesca olla que escupía un líquido espumoso y verde, sereno, congelado en una expresión de concentración y… su muñeco de trapo; de nada sirvió taparlo entre las brumas de la borrosidad. Siguió frotando, frotando ante mis ojos y de nuevo acudí al refugio de mis manos.
- Caerás de la dorada fortuna. Pobre tú serás - predijo.
Reí ¿Cómo una mujer de éxito como yo va a terminar así? Imposible. Le di al viejo la suma de dinero que me pidió a cambio de sus servicios y me arrepentí al instante de tan absurda aventura. Pero, sorprendentemente, el viejo no se equivocó; no saben lo duro que es no tener ni un mendrugo de pan que llevarse a la boca, ese dragón de hambre que revuelve tus entrañas, esa fiera ruidosa que te ruge, te muerde, te quema por dentro y que ni siquiera puedes calmar. Mis manos se han manchado de bienes ajenos, mis ojos viven la mala vida… Ya no hay sol para mí.
El otro día, fui al museo. En un principio, mi intención era robar; después, dormir y quizás robar. No imaginan lo difícil que es mangar a veces. Cuando ya estaban a punto de cerrar, el guardia me descubrió y pese a mi insistencia, no supo ver mi sed, mi carencia: me echó a patadas.
- Sé mujer de fe. Honrada y respetuosa- decía mi padre.
Pero, el hambre es negra, eso dicen y así soy ahora: oscuridad. Lágrimas, lágrimas de mi alma que corren como ácido corrosivo y que ni siquiera me dejan ver quién soy.
¡Ay! Amable lector, tengo que confesarle que le he engañado. Tan sólo actué con mis palabras. Ahora, despierto. Fue por esa mujer que pasea su figura famélica por aceras y avenidas. Esperando, siempre esperando en compañía fiel de su perrito. Mujer, mujer perdida. Mujer fuerte. Una compañía quizás distinta a la de ayer, la envuelve en un váter público. Y fumándose un porro, inyectándose, sangrándose, viaja a un mundo de cristal. Túnel perdido. Túnel de irrealidad real.
miércoles, abril 15, 2009
Mujer en la fragua.
Publicado por
Esther
en
4:05 PM
Etiquetas: Foro de Nuncajamás con tinte de realidad.
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6 dicen bla,bla,bla:
Enhorabuena Esther por lo bien que lo has llevado a cabo. La riqueza de vocabulario con que acompañas a las palabras,el escenario que recreas y los puentes que vas trazando entre ellas dan un relato que atrapa hasta el final,y que final!
Un abrazo.
Wow, Esther!, tu cada vez mas profunda y misteriosa. Yo tambien iria a donde un brujo, solo en mis suenos.
Wow, Esther!, tu cada vez mas profunda y misteriosa. Yo tambien iria a donde un brujo, solo en mis suenos.
Me gustan las historias con un final incloncluso que te dejan pensando y con ese toque de magia o de misterio son las que te llevan a volar la imaginación .
Me recordó el anciano a muchos de los que habitan abandonados en algun asilo ,
Dominas el lenguaje con mano experta, amiga. Bien por ti. La verdad es que no estuve en Gata. Me lo apunto para la próxima vez. Confío en que tuvieras una buena Semana Santa. Disfruta ahora del finde. Un abrazo enorme.
Esther con cada relato me dejas maravillada y feliz, por eso he preparado un regalito sensillo y humilde para ti en mi blog, puedes pasar a recogerlo cuando desees...gracias por tu linda amistad durante todo este tiempo!
besos,
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