Su amor fue tan intenso que les dejó con agujetas. Todo empezó de la forma más simple: con el simple toque de un sueño. Una palabra, unas risas y una sensación extraña, burbujeante: burbujas y burbujas que no paraban de bullir en sus interiores. Sólo fue eso: un roce. Pero, éste fue el desencadenante de muchos otros más. Aquéllo era como alguna especie de máquina tonta, loca y acelerada que por algún lado del camino había perdido su freno. Pero, no les importó. Juntos decidieron embarcarse en ese viaje de sueños. No sabían cuál sería su destino pero, creían saberlo: al menos ella. Pero, un día, un mal día, algo cambió: sus visitas, las visitas de él, se quedaron sordas, fueron espaciándose poquito a poquito. Su mirada se volvió ópaca, fría, carente de color y su voz tan lejana... No lo comprendía, lo pensaba y lo pensaba y no lo comprendía. O quizás sí... la verdad, se deslizaba ante sus ojos como una hoja de papel pero, no quería admitirlo. Trató de afixiarle con sus besos, con su amor, pero, la respuesta siempre era la misma: insípida, lejana, un eco que se perdía en el horizonte. Lo aceptó, se descalzó y se fue yendo despacito, de puntillas, para que él no lo notara. Pero, aún así, dudaba de que él lo hubiera notado.
Hoy, hoy, ¡hoy! ¡Maldito hoy! Volvió a pasearse por su calle. Era luna llena y la calle estaba apretada de gente, de sabores y de olores, pero estaba vacía.
Ayer, ¡desgraciado ayer! Le mandó un mensaje al móvil, deseándole feliz cumpleaños y ni si quiera la contestó. Y ¿para qué seguir contando? Supone que el mundo debe de estar lleno de idiotas como ella - perdonen, pero así los concibe a ellos y a ella- que seguirán sembrando corazones en un campo yermo, marchito, a veces en silencio, otras, con voz propia, corazones que morirán bajo el sol de infierno, sequía y desolación. Seguirán echando corazones hasta que la cesta se quede vacía. Y no lo sabe, ni lo saben: quizás otro día encuentren otro idiota y entonces, ese adjetivo IDIOTA, se borrará de sus mentes y nacerán pétalos de primavera o quizás, simplemente desaparecerá, se volverá blanco como una hoja blanca de papel.
miércoles, marzo 11, 2009
En silencio.
Publicado por
Esther
en
10:04 AM
Etiquetas: Historias ficticias para el cuentacuentos
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8 dicen bla,bla,bla:
jaja
es la segunda historia de ese corte que veo hoy, la gente ha estado en blogueo sincronizado.
La vida está llena de historias como esas, que si bien no dejan un buen sabor de boca, si que se aprende con ellas.
Besos.
Desde la mirada que se va perdiendo en el pasado,ellos,el ayer,como algo lejano,para recobrar el relato intensidad hasta el final,desde aquel amor intenso.
Muy bueno!Un abrazo
Vamos esther... parece que a tu personaje femenino le falta entender cuando se acaba el amor. Son cosas que van a doler, molestar, picar... simplemente ocurre porque nada es para siempre. Un abrazo.
Pequeñas historias cotidianas, que no nos queda más remedio que vivirlas y aprender de ellas....
Besines embrujados
Pero el hecho de amar no significa que uno sea idiota; siempre acaba apareciendo la persona indicada.
Como se suele decir, "siempre hay un roto para un descosido"
Un saludo Esther!!!
Justo hoy pensaba en aquellos destinos que son como dos lineas que se encuentran en un punto y despues siguen su camino...
Si uno observa todo cuanto le rodea nada es permanente, todo es estacional, cuando lo comprendemos seguimos igual felices con o sin la presencia del que desperto emociones, sin apegos se vive feliz.
El hecho de que el invierno pase no quiere decir que otro no regresara, y siempre regresa....
besos amiga querida
El roce. El roce, roce.
Buah, el amor puede quedar superior a todo esto, a toda batalla de vida, a todo intento y fracaso que no es porque nada puede que haya sido o porque nada sea. Puede ser.
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